“He perdido la fe
en Dios, en el hombre,
y hasta en la mujer”…
por eso cuento estrellas
entre los brazos de mi madre,
(que no es una mujer)
y dibujo ballenas mientras mi padre
(que no es hombre)
duerme plácidamente su siesta marina.
De Dios, si es que es realmente Dios,
no puedo decir nada,
no lo conozco; y, cuando alguien
me intenta dar una explicación
siempre recuerdo esa imagen
de King Kong maravillado
ante la limpia belleza de un atardecer
después de una larga pelea
con tyranosaurios que, como todo el mundo sabe,
no entienden de amaneceres, ni de mujeres y hombres.
No vas a retenerme a tu lado,
ni tú eres Ann Darrow
ni yo King Kong.
Alguien partió
las cadenas
y liberó al hombre-simio
que llevo dentro,
alguien tomó mi mano
y no esperó nada
ni siquiera
un beso de despedida,
yo se lo dí
o fue ella,
o ambos,
entonces quise ser King kong
acribillado por los aviones….
pero en la versión en blanco y negro,
parece que en blanco y negro
duelen menos las heridas.
Siento especial admiración por el verso :”… King Kong maravillado ante la limpia belleza de un atardecer…”, es como si se viera la escena, esa luz de atardecer,…en la composición del poema.
Desde hace algún tiempo, me he dado cuenta de que cuanto más nítida veo la imagen en mi cabeza, más claro lo transmito al poema o al verso. En este caso, la imagen es de última versión de King King, del director Peter Jackson. En esa escena, el gran gorila se queda embelesado ante la paleta de luces del atardecer. La protagonista se da cuenta de ello y, en ese instante, conecta íntimamente con Kong (y no porque la salvara de 3 tyranosaurios…).
Marzo 28, 2008 a las 12:10 am
“He perdido la fe
en Dios, en el hombre,
y hasta en la mujer”…
por eso cuento estrellas
entre los brazos de mi madre,
(que no es una mujer)
y dibujo ballenas mientras mi padre
(que no es hombre)
duerme plácidamente su siesta marina.
De Dios, si es que es realmente Dios,
no puedo decir nada,
no lo conozco; y, cuando alguien
me intenta dar una explicación
siempre recuerdo esa imagen
de King Kong maravillado
ante la limpia belleza de un atardecer
después de una larga pelea
con tyranosaurios que, como todo el mundo sabe,
no entienden de amaneceres, ni de mujeres y hombres.
Marzo 28, 2008 a las 12:37 am
No vas a retenerme a tu lado,
ni tú eres Ann Darrow
ni yo King Kong.
Alguien partió
las cadenas
y liberó al hombre-simio
que llevo dentro,
alguien tomó mi mano
y no esperó nada
ni siquiera
un beso de despedida,
yo se lo dí
o fue ella,
o ambos,
entonces quise ser King kong
acribillado por los aviones….
pero en la versión en blanco y negro,
parece que en blanco y negro
duelen menos las heridas.
Diciembre 2006
Marzo 28, 2008 a las 1:37 am
Directo. Seco como el golpe sobre la mesa tras el último trago.
Marzo 28, 2008 a las 4:49 pm
Siento especial admiración por el verso :”… King Kong maravillado ante la limpia belleza de un atardecer…”, es como si se viera la escena, esa luz de atardecer,…en la composición del poema.
Marzo 28, 2008 a las 5:32 pm
Desde hace algún tiempo, me he dado cuenta de que cuanto más nítida veo la imagen en mi cabeza, más claro lo transmito al poema o al verso. En este caso, la imagen es de última versión de King King, del director Peter Jackson. En esa escena, el gran gorila se queda embelesado ante la paleta de luces del atardecer. La protagonista se da cuenta de ello y, en ese instante, conecta íntimamente con Kong (y no porque la salvara de 3 tyranosaurios…).