“Epílogo sin conclusión”, del poemario Edades Maduras
Silencio.
Algo se estremece,
vibra, gime.
Nuevos colores,
una ventana abierta que refresca las mentes
drogadas de placer.
Silencio.
Sólo escucho mi latir
cuando el tuyo acaricia mis días.
El tiempo crece, se expande dentro de mi pecho.
Reconozco en el espejo cuerpos nuevos,
y ante mis ojos mudos, grito,
arrebato al silencio sus palabras,
acepto los segundos perdidos:
nunca volverán.
Y, de nuevo, el silencio,
la voz callada…
Aquella ventana se abre.




Abril 28, 2008 a las 12:26 pm
Me gusta como termina tu epílogo no concluído.
Abril 28, 2008 a las 1:00 pm
Me deja calladito,
me quito el sombrero de copa
y aplaudo
no más
Abril 28, 2008 a las 3:15 pm
Muy lindo. Ligero, transparente y silencioso.
Sublime: “Y, de nuevo, el silencio,
la voz callada…”