Extracto de una correspondencia mantenida con Javier Lobo

Sábado 25 mayo 2006

Parte de la carta de Javier Lobo:

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La debilidad por el cuerpo femenino, por el beso, la caricia y el tacto desnudo; la búsqueda caprichosa de otros más allá del alma compañera…los ojos niños del cuerpo inquieto…¿Por qué?¿De dónde viene ese deseo, esa curiosidad?¿Qué me reclama, qué esconde ese deseo tan irresponsable y caprichoso?

Parte de mi respuesta:

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No olvides que por mucha poesía, por mucho arte y raciocinio no dejamos de ser animales de costumbres e instintos que se reúnen en torno a una moral, normalmente única, para no matarse continuamente entre ellos y para poder convivir con un mínimo de tranquilidad y orden. Quién sabe si ese deseo del que hablas es un nuevo color de ti mismo, de ese cristal poliédrico que es el alma de toda persona; quién sabe si es una debilidad propia, o ,tal vez, aprendida o heredada. Mi madre me dijo una vez: <<Cuidado, que los vicios se heredan>>. Yo le contesté que no, que no se heredan los vicios sino las debilidades, que se heredan en forma de gusto por un olor particular o como una nostalgia constante o intermitente por algo concreto (una sensación, un querer estar, un querer descubrir y probar).

Hablas de una debilidad que mucha gente tacharía de pendoneo sin más, o como algo de hombres, una necesidad…No lo sé. Como animales no sé hasta que punto somos monógamos. Eso sí, gracias a esa gran potencia que es el Amor parece que tendemos hacia la monogamia, es más, creo haber leído en algún sitio que la naturaleza se las habría ingeniado para que así fuera, como una forma de asegurar la continuación de la especie humana. En cuanto a la monogamia como moral…no me vale, salvo que sea un moral aceptada por ambas partes de la pareja. Creo que muchos hombres se dejan llevar o se lanzan a la búsqueda de otros cuerpos -déjame dejar este asunto en una cuestión de cuerpos- por una cuestión de números, ya sabes, “me he acostado con X mujeres”, lo cual no deja de ser un comportamiento animal y con su base biológica (a más copulas, más probabilidades de asegurar tu descendencia…¡ups, olvidada el preservativo!); o bien por una cuestión de inseguridad que cubren con ese desenfreno, ese macherío. Sin embargo, te conozco lo suficiente como para saber que no se trata, en tu caso, de demostraciones leónicas de macherío ni de números; más bien diría que tiene que ver con cómo te hace sentir ese otro cuerpo que, hay que decirlo, por hacerte sentir algo más allá de lo físico deja de ser sólo carne y vísceras para ti. Parece más bien tú refugio…

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Supongo que te habrás hecho preguntas y que ya tendrás una idea más o menos clara del porqué sientes eso que llamas “debilidad por el cuerpo femenino, por el beso, la caricia y el tacto desnudo; la búsqueda caprichosa de otros más allá del alma compañera…los ojos niños del cuerpo inquieto”. No sé cuándo podremos quedar y hablar cara a cara pero te confieso que me parece una reflexión muy interesante.

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Soy de la opinión de que cuando la relación con tu pareja va BIEN, y bien aquí es todo, es mayúscula (sexo, sexualidad, espacios de la vida compartidos, amistad, compañerismo, camaradería, etcétera) no hay motivos para que tengas o desees buscar algo más fuera de la pareja. Si buscas algo fuera de la pareja creo que, en general, es porque hay algún problema, tanto si ya lo has identificado como si no. En el lado contrario, también concibo la posibilidad de que, en un momento dado, uno de los miembros de la pareja se “deje llevar” por X motivos, llámalo deseo carnal, llámalo ebriedad llámalo torpeza y búsqueda de problemas. Si sabes mentir y no tu conciencia no te da la lata, esta última opción no da problemas…¡Pero si no es así, cuidado!…La verdad es que no logro encontrar una explicación racional a tener una aventura de, por ejemplo, una noche, si todo va BIEN con tu pareja…¡Entonces me hablarás de las razones poéticas! Anda que no sabes nada. Una amigo mío te diría que te dejaras de boberías, que esa debilidad de la que hablas es todo deseo carnal, deseo de fornicar; además, trabajas en un bar dentro de un barrio más que interesante y cosmopolita, ¡dime que no ves una mujer interesante casi todos los días! Lo cierto es que los ojos son niños y que el deseo es algo tan personal como animal y que cuando no hay sentimientos de por medio es sólo eso, una animalada (y le doy yo ahora un sentido positivo a esta palabra) y, como tal, forma parte de los secretos y contradicciones de cada persona. Siendo poeta de bar, como dices, tu poesía es capaz de absorber todo ese deseo. ¡No serías el primero en hacerlo!

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Lo que no entiendo, tocayo mío, es que estando soltero como estás, te hayas parado a pensar en esta cuestión de la debilidad por el cuerpo femenino y de que hables de una compañera del alma. Me parece a mí que no te conozco tan bien como creía, o que no he prestado la suficiente atención a nuestras nocturnas conversaciones…Normal, digo yo, ¡empiezan siempre muy tarde!

Una respuesta para “Extracto de una correspondencia mantenida con Javier Lobo”

  1. Javier Lobo Dice:

    Tocayo mío, si que te diste prisa en subir parte de aquellas cartas, jeje. Volando no hubiese sido más rápido.

    La cuestión sigue candente. Mucho trabajo y poco tiempo para la reflexión retirado del mundanal ruido…porque, claro, reflexionar in situ, o hacer un trabajo de campo, no es lo mismo, y es muy complicado al mismo tiempo.

    Un saludo y buenas nochesdías a todos.

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