Vuelvo a Las Palmas. Vuelvo mientras oscurece y miro las montañas desde El Monte, Tafira. Veo la Montaña de Bandama tan alta y verde, eterna y permanente observadora de la cara noroeste de la isla. Espero la guagua y las farolas se encienden. Sobre mí unos inmensos árboles torcidos por el viento adaptan sus raíces al asfalto que los quiebra y los retiene.
Subo a la guagua. El chófer tiene prisa y voy viendo chalet tras chalet en el descenso. Poco a poco, en Tafira baja veo casas deshechas, pintura roída, plantas salvajes que deambulan a sus anchas e inmediatamente al lado grandes, inmensas mansiones con sus palmerales y sus piscinas.
Escrito por Román Pérez González 


