Viaje en guagua III

Vuelvo a Las Palmas. Vuelvo mientras oscurece y miro las montañas desde El Monte, Tafira. Veo la Montaña de Bandama tan alta y verde, eterna y permanente observadora de la cara noroeste de la isla. Espero la guagua y las farolas se encienden. Sobre mí unos inmensos árboles torcidos por el viento adaptan sus raíces al asfalto que los quiebra y los retiene.

Subo a la guagua. El chófer tiene prisa y voy viendo chalet tras chalet en el descenso. Poco a poco, en Tafira baja veo casas deshechas, pintura roída, plantas salvajes que deambulan a sus anchas e inmediatamente al lado grandes, inmensas mansiones con sus palmerales y sus piscinas.

A lo lejos la Montaña de La Isleta ofrece una imagen de paralelos en la distancia que juegan a agarrarse pero que jamás se cogerán. En mi cabeza se instala el mapa de la isla, el istmo, la milenaria lengua abrasadora unificadora, fusionadora. Paso al lado de la residencia de abuelas de Nuestra Señora del Pino y ellas ajenas a todo o pendientes de todo (según cada cual) juegan al dominó o hablan sentadas en sus sillas de mimbre mientras no quitan ojos a la puerta.

El señor de detrás mío en la guagua parece estar muy interesado en lo que escribo. Un día hablaré de estas personas así como de los que leen pedacitos de periódico del que está al lado y los miran cuando estos pasan la página como diciendo: “pero si no he terminado de leer para qué pasas la página”.

Ya estoy descendiendo por la circunvalación y veo  un palmeral que surge en la zona más próxima de la guagua en un barranco del que se ven al fondo algunas casas de San Francisco de Paula.  El mar oscuro se adhiere al azul de fondo del cielo: presagio de lluvia.   Algunos chalets, urbanizaciones, el Jardín Canario, Sventenius, pinos, dragos, mezcladas con antenas, asfalto, señales de tráfico, Ingeniería, Telecomunicaciones, estoy en la Universidad. Me gusta mucho una estatua que simula el logotipo, está al lado de una especie de lago (ficticio, por supuesto) y con césped a su alrededor, además el contraste con el rojo oscuro del edificio de detrás lo hace más bello.

Una rotonda y toda la ciudad que se asoma a mi izquierda. Veo casas que emergen de montañas donde antes no iban ni las cabras. Veo la hermosa intensidad gris de las nubes en toda su magnitud sobre la capital, veo la cúpula del Centro Comercial La Ballena, muy próximo a mi casa y juego con la mirada a ver más detalles cognoscibles, el Woermann y el hotel Los Bardinos (ahora llamado Ac Hotel) en Las Canteras. Veo El Confital. A mi derecha, por contra, veo San Juan de Dios, un barranco desértico y arrasado por una circunvalación que desangró montes, montañas y huequitos, pero que supone el cordón umbilical del tráfico grancanario.

Veo La Tropical, el Edén de mi hermosa redondez recién adquirida. Junto a la carretera dos casas semiderruídas se mezclan con la guagua y con un coche con dos jovencitos vestidos iguales, peinados iguales que gritan  (por el volumen de la música) y sonrien como si fueran los únicos habitantes del Planeta Tierra.

Me resulta curioso ese contraste viejo-nuevo a lo largo de todo el trayecto. En diferentes manifestaciones, dicho desde puntos de vista opuestos esa fusión se observa sin querer. Como parangón de dicha fusión llego a Las Palmas por el Paraninfo de la Universidad, edificio inmenso, vetusto pero cuidado. A ambos lados de la carretera durante unos metros unos inmensos árboles dan la bienvenida y llegamos a la zona del Monopol, paradigma de esa miscelánea. De tradición y modernidad, de fusión clásica y novedades.

Llego al Teatro y me bajo de la guagua. Ya es noche cerrada y empieza a llover.

6 comentarios para “Viaje en guagua III”

  1. javierhf Dice:

    Sí, señor. Curioso contraste viejo, nuevo. Ahí hay un algo…un poema, una relato, un artículo de opinión. ¡Y no se olvide de esas personas que, como yo, jeje, leemos el periódico de otros! Pero, hombre, uno se despista con cierta facilidad, claro.

  2. temprana Dice:

    Te dije que m gusta y me gusta, es verdad que es distinta a las anteriores “entregas” de tus viajes en guagua.

    besitos

  3. R. Alzala Dice:

    A medida que avanza el texto desde mi punto de vista gana. Algo flojo el inicio, muy fiel el recorrido y final correcto.
    Grande Sventenius grande la Tropical…”Edén de mi hermosa redondez recién adquirida” grande sí señor :) .
    Un abrazo fraguel viajero.

  4. Benita Dice:

    Yo también opino que medida que avanza gana fuerza, condensándose al final. El texto hace que me imagine esa mezcla de edificios viejos, antiguos, modernos, zona abandonadas asaltadas por raíces de árboles; unas dan alegría, otras serenidad, tristeza, soledad, y también futuro como la universidad, su escultura, el edificio. También coincido en que contiene ideas interesantes como material literario: viejo, antiguo, moderno, nuevo. Lo viejo es triste, lo antiguo no; ver una casa vieja, deteriorada, abandonada da tristeza, mientras que una casa antigua me da serenidad y construcciones de diseño moderna alegría, sensación de avance.
    Muy buena idea los cuadernos de viaje.

  5. sin voz Dice:

    Mi recorrido de todos los días, llego a la parada y espero a que pase mi guagua mientras miro hacia Bandama y recuerdo los grandes momentos que pasé en esa montaña que nada tiene que envidiar a otras. Ella me vio crecer, jugar, correr, chillar, vio como me caía una y otra vez, ella lo vio todo y ahora yo la veo desde aquí. Pero mi contemplación no queda solo donde sucedió mi infancia desde aquí también veo los viñedos que mañana me darán de beber y harán que mis mejillas estén del color de las amapolas. Mi hora ha llegado y he de subirme, una vez estoy dentro y sentada desde esta altura lo veo todo, veo el mar que se confunde con el cielo que hoy ha querido estar triste, veo las grandes casas presuntuosas con sus colores, sus piscinas y jardines. Ya hemos pasado el Bar de Perico donde conocí a una rubia llamada Tropical; pasamos de largo mi antigua casa, mi viejo instituto, llegamos a la circunvalación que partió lo que antes era solo campo hasta encontrarme por San Francisco de Paula donde salía a correr con la clase de gimnasia. Sigo cuesta abajo y pasamos de largo el centro de salud que jamás me curó de nada, la casa del gallo donde nunca se oyó un kikiriqueo, el jardín canario que visité todos los años con el colegio, la universidad de Tafira que solo visite para hacer la PAU, niñas uniformadas que van al Sagrado Corazón “pobrecitas”, nuevamente veo la rubia del Bar de Perico solo que esta huele a cebada, después llega el EDAR vista ya no tan bonita ni de buen aroma sobre todo en días de calor. Por fin estoy en Las Palmas y diviso esa espiral en el centro de una rotonda que dirige un monigote vestidito de azul que con su silbido preferencia me da y hace esperar a los que tienen que trabajar, me acerco al Paraninfo que sin duda en la soledad de la noche es más bella que ahora a la luz del día y con gente interrumpiendo su esplendor, le digo adiós a mi mal querido Benito, le digo hola a mi buen amado Muelle y cuando ya he saludado a todo el mundo es San Telmo quien me da la bienvenida un día más para no variar.

  6. R. Alzala Dice:

    Gracias por compartir su punto de vista :) , vino, rubia…ufff mis debilidades.
    El toque urbano que le das me gusta.

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