
Si la acuarela acuosa
de mi pupila
te parece atractiva
no quiero saber lo que han visto
tus tiernos ojos de carbón.
Foto: Andrea

Si la acuarela acuosa
de mi pupila
te parece atractiva
no quiero saber lo que han visto
tus tiernos ojos de carbón.
Foto: Andrea
Y serás leyenda hecha carne,
mito profundo y miocardio,
suspiro que lleva el viento hasta mi pecho.
Serás recuerdo incierto,
difusa lejanía y perfección etérea de quirománticos
y ascetas televisivos.
Serás incierta, pasado, tiempo abortado antes de tiempo,
destino quisquilloso, niño que llora, llora y llora.
Serás Todo y podrás ser Nada,
pero te abres caminos hacia la luz
entre dolor y lágrimas
tras años de espera.
Realmente los libros de geografía, Emilio, el profe, la vulcanología, las placas tectónicas, las fallas, todo, todas esas palabras que resonaron una vez en mi cabeza y se fueron ágilmente. Esas palabras olvidadas tuvieron vigor y recuperaron el prestigio que nunca le dí en una milésima de segundo. Todas las aburridas clases de naturales (o conocimientos del medio) a las doce de la mañana después del recreo, mientras nos ahogábamos en sudor tras el partido de fútbol y segregábamos salivas después de comernos un bocata (que nos habian hechos nuestras respectivas madres). Todos los términos que me aprendí al hacer cada año las mismas chuletas en el mismo muslo el único día del año que iba con pantalones cortos a clase. Todo ipsofacto me vino a la mente.