El incauto y la sirena

Junio 4, 2008

enlacostaazul

A su paso las botellas de agua quedaban vacías. Cuando se encontraba a su lado sentía un irrefrenable deseo de beber. Apenas andaba cien metros y necesitaba entrar en un estanco o en un bar y bebía y bebía. La sed era tal que no podía siquiera articular palabra.
El día que la besó por primera vez ella se lo advirtió: “si besas a una sirena besarás el mar”.
Él la tomó de la cintura y bebió de su boca sin pensar las consecuencias.