Mamá, hoy, al mediodía, cuando todos dormían,
escuché al aire en las hojas secas del patio.
¿Sí? ¿Y qué decía?
Nada, un ligero sonido de hojarasca.
Y también escuché al sol del mediodía.
¿Al sol? ¿Y qué decía?
Nada, era el sol del mediodía,
y, yo, lo sabía mientras me dormía.
¿Y, entonces, ¡nada!?
Mamá, era el silencio mientras me dormía,
y, el silencio, son versos, que en el papel
y en el oído, no tienen signos.




Junio 19, 2008 a las 1:07 am |
Sin palabras
Junio 19, 2008 a las 1:28 am |
Precioso Beni. Me he imaginado un patio canario y en las habitaciones de arriba un niño que dormía…¿o era niña? Escuché primero un niño, pero luego era la niña la que permanecía.
Junio 19, 2008 a las 7:33 pm |
Madre mía como estais de poéticos!!!!!
Disfruto mucho leyéndoos, seguid así.
Un beso puertas
Junio 22, 2008 a las 12:50 am |
Benita precioso,me supo a poco.besos
Junio 22, 2008 a las 1:20 pm |
¡Ay, Mariola, cuando las cosas saben a poco, qué buenas son!¡ y qué bueno cuando nos dan mucho de esas cosas buenas, pero cuando nos dan en exceso, ay, cuando nos dan en exceso, qué buenísimas son!
Muchas gracias por tus visitas siempre queridas.
Un abrazo muy grande muy grande.