Algo he de tener yo de la savia del árbol;
y, algo, ha de tener el árbol, de lo que soy yo;
pues, en el árbol, de día, respiro yo
y, en mí, de día, respira el árbol.
Vida nos damos, de día, el árbol y yo,
respirando en el aliento, del otro, los dos;
y muerte nos daríamos, el árbol y yo,
respirando de noche sólo nuestro aliento.
Más, qué sabia naturaleza que obliga
a respirar de noche el aliento cósmico
de todos los astros en el firmamento.



