“Prensa y escritores”, de León Barreto

Contexto original en la web de La Provincia o aquí

La prensa de las islas ha tenido históricamente un nivel digno. A pesar de la dispersión geográfica y el alto analfabetismo, hacia 1900 Canarias era la tercera provincia española con mayor número de publicaciones. Con la escasez de comunicaciones, en los inicios era frecuente que las noticias se dieran con enorme retraso. Muchas veces los periódicos se han convertido en refugio de escritores, desde Antonio Rodríguez López a Alonso Quesada, desde Leoncio Rodríguez a Pedro Perdomo Acedo. De ahí que una de las notas del periodismo canario sea su nivel literario. El ejemplo de Ecos con Alonso Quesada queda como clásico del periodismo intelectualizado, pues también publicaron Tomás Morales, Claudio de la Torre, Millares Carló y Luis Benítez Inglot. Asimismo Leoncio Rodríguez dio a conocer sus obras en folletón en La Prensa.

El folletón, incorporación tardía del Romanticismo, permite la edición de novelas y leyendas populares desde Víctor Zurita a Ángel Guerra y Benito Pérez Armas. También Saulo Torón, Fernando González y la Escuela Lírica de Telde se refugian en las páginas de los diarios, pues -a falta de editoriales- allí van a parar los relatos, los poemas y ensayos de los escritores. El periodismo se va configurando como un género literario más, y no olvidemos la presencia de los suplementos literarios.

Algunos de los títulos históricos son de gran interés, así en El Ómnibus comenzó a publicar sus dibujos y sátiras locales Benito Pérez Galdós. Pues bien: aquí hubo periódicos masones, anarquistas, republicanos, liberales, conservadores, obreros y de los respectivos obispados, con 350 cabeceras diferentes entre 1762, desde El Correo de Canarias, en Tenerife, hasta 1948, Antena de Lanzarote. En la isla de La Palma se contabilizan 19 directores masones de distintos medios, entre los que figuran El Pito, El Ariete, El Artesano, Diario de Avisos, Germinal y ¡Verdún! El periodismo fue portavoz de las respectivas banderías políticas. El periódico trató de ser la enciclopedia del pueblo, pese a que éste apenas leía salvo en la botica, en la barbería, en la tertulia del casino de pueblo, donde eran leídas en alta voz para todos.

Escribe un comentario