Me quedo sin comer.
Un barco hasta reventar de pasajeros ofrece
pocas posibilidades al hambriento; y la duda
entre levantarte y comprar algo para comer,
y quedarte y evitar un posible hurto
suele dar ganadora al segundo instinto:
la conservación de la propiedad privada.
Mientras tanto, tras copiar algunos nombres
de autores que rara vez leeré, Leopold Bloom
se alivia voluptuosamente leyendo el periódico
a mi lado; en la mesa contigua, Anita Ozores
se revuelve de misticismo y deseo
en el insomnio que la mantiene atada y sin descansar.
Y el barco navega ya, mar adentro, y la única
persona, aparte de mí y la mujer asesinada,
que ha visto brillo en la mirada de Raskolnikow
cuando levantaba el hacha, acompaña con parsimonia
al marinero neozelandés del Capitán Nemo:
todos quieren encerrase bajo las escotillas del Nautilus.
La vida se hunde, sálvese quién pueda.
Añado a continuación unos enlaces sobre los personajes que aparecen en el antipoema y que conocí por primera vez justo antes de escribirlo. Como tantas otras veces, leía el periódico y parí unos versos.




Julio 21, 2008 a las 12:47 pm |
Bien Ned, coja el arpón y sitúese en la cubierta pronto aparecerán los cetáneceos en viaje migratorio.
-Mal, nada de comer en el barco, beber, beber, beber hasta que las gaviotas picoteen los cráneos de los viajeros-
Interesante línea de experimentación, siga por ahí, sáquelo, purgue.
Julio 21, 2008 a las 1:05 pm |
dió para mucho ese viajito eh?
Julio 21, 2008 a las 2:25 pm |
Je,je. Dio, dio, y eso que no pude ir a un concierto donde actuó Ivan Ferreiro, ni pude salir con mi primo y mi hermano por ahí de fiesta a los chiringuitos del Puerto.
El próximo viaje en barco, si es con ustedes, será para comer menos…o come y beber…bueno, depende de la cantidad de monstruos marinos que sarandeen el barco y de lo mareado que me dejen los cantos de las sirenas que, por cierto, también viajan en barco
.