Derramé, sin querer, la cerveza sobre la mesa. Corrió el alcohol superficial, resbalando la madera y el barniz, y cayó, finalmente, sobre el suelo. Ella, sin apartar los labios de su copa, apuró en dos delicados sorbos el licor, se relamió los labios y susurro cerca de mi hombro: “…¡qué desperdicio tanto deseo derramado!…”




Agosto 15, 2008 a las 6:12 pm |
Impecable me estremecí ante la fémina… el paso siguiente a cuando derramas tu copa es ir a por la de tu acompañante
Agosto 16, 2008 a las 4:07 am |
[...] canarios, Noche A continuación, un micro relato de mi tocayo y amigo Javierhf, de Nueve Puertas. Puedo decir que cuando lo que se relata acontencía, yo servía copas detrás de la barra. De [...]
Agosto 17, 2008 a las 2:06 pm |
Texto perfecto, se lee de una sola línea, de un solo trago. Los microrelatos también en tu puerta Javi, qué bueno.