En algún lugar cerca de la Estepa

Junio 11, 2009

Me adentré en esta especie de desierto empujado por el pesado canto de una sirena. Nunca supe adónde me dirigía y sólo me di cuenta de dónde estaba cuando noté quemarse la planta de mis pies. Frente a mí, la última vez que miraría hacia arriba, la entrada al desierto la señalaba un cartel que daba la bienvenida, “Bienvenido al Desierto”. Justo antes de entrar, un hombrecillo pequeño, de apenas 120 centímetros de altura, me hizo firmar en una hoja, un libro de visitantes. “Mire Señor, Jesús estuvo aquí, como Usted. Mire, mire. Firme aquí, al lado de Jesús”. Sí. Efectivamente. No sé quién era ese tal Jesús, pero ya había estado antes que yo en el Desierto. Busqué un bolígrafo entre mi oreja izquierda y firmé justo al lado de Jesús.

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