Dos hombres bajan la ladera,
se alejan de las casas.
*
La tarde es tranquila.
Asoman rojos los frutos de las tuneras,
se ofrecen radiantes sus flores.
Una senda se abre entre esqueletos oxidados,
recuerdos y deshechos.
Las cañas observan a lo lejos en silencio,
algunas duermen abrazadas.
El rumor de una acequia en desuso
aligera los pasos. Hay oro en el cielo,
y plata, y ojos de mar, algunas gaviotas
sin mensaje de mal tiempo.
*
Llega un pastor.
Su perro, observando atentamente,
siempre cerca.
Las cabras observan rumiantes
a los hombres. Ellas conocen el camino.




Julio 13, 2009 a las 11:10 pm |
Me gusta mucho Javi.
Congratuleisions, sale y camina por tu barrio jejee
Julio 15, 2009 a las 8:37 pm |
Puedo asegurar que es una suerte tener casa, aunque ésta sea pequeña desde la lejanía.
Soy un pastor sin cabras y sin perro, sólo poseo un esqueleto cada día más oxidado que duerme y rumia donde y lo que puede. Pero, eso sí, tengo oro en el cielo, plata en el pelo y camino por los senderos anhelando seguir vivo y observar lo que el maravilloso día nuevo me da, que no es, si no vida.
Saludos.