Un mal día para el pez aguja

Noviembre 9, 2009

Olbinski

El último suceso lo llevó a encerrarse en sí mismo.
Mira con familiaridad uno de los cuadros que decora la estancia. Su frágil memoria comienza a dibujar algo parecido a un recuerdo.

No sabe la razón pero debe darse prisa pues el goteo imaginario de la clepsidra comienza a patentar el rumor de sus latidos.

En la tormenta librada en su cabeza las imágenes se proyectan: un velero, la fértil e irregular línea de la playa, el vaivén de la eterna melodía salina, los sonidos -siempre exóticos- de la costa…

No encuentra explicación a la sensación de angustia. La ansiedad de la prisa lo apresa.

El suave aleteo con el que acaricia el aire hace caer uno de los ejemplares que pueblan la estantería. La tormenta comienza a disiparse, retazos de lo que parecen recuerdos intentan encajar, pero aparentan ser piezas de distintos puzzles.

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