A veces el llanto
se alonga al borde del precipicio.
Llega, besa la carne que pisa,
se asoma y estira un brazo,
comprueba la fuerza del viento con la mano
y espera, quieto, la llegada de la luz.
A veces el llanto
asiste protagonista a la quema de sus brujas y herejes,
sucumbe al hechizo del fuego,
contempla la quema lenta y dulce
de su piel, su carne y sus huesos.
A veces el llanto
se pregunta por qué,
por qué ese deseo blanco,
por qué esa ansia silenciosa de desnudez
que levita tan cerca del suelo,
por qué, frente a una vela, desea llorarse,
abandonado entre las sábanas.




Noviembre 13, 2009 a las 2:04 pm |
Si las paredes de esta pieza no se encontrasen acolchonadas dedicaría un aplauso golpeando el tabique con mi frente.
Enhorabuena.
Noviembre 14, 2009 a las 12:55 am |
Coincido con Rayco, y también te doy la enhorabuena. El poema recoge el llanto, lo personifica, el llanto se pregunta por qué, lo describe, recoge cómo es, cómo llega, se detiene, se desliza y cae, y cómo a veces se asoma casi sin esperarlo y se derrama silencioso, y también cómo a veces se busca. El llanto es dolor, emoción, pasión y como tal es ardor, fuego donde se quema el frío. Todo esto lo percibo en el poema, en su conjunto. Destaco los seis primeros versos, ese alongarse al borde del precipicio, la carne que besa y pisa… y también los versos de la quema lenta y dulce de su piel, los versos de la silenciosa desnudez que levita tan cerca del suelo.