Espejismos galdosianos
Tu recuerdo camina descalzo sobre mi cama.
Pero cuando abro los ojos, ya no estás…
¡Nela, Nela!
Tu recuerdo camina descalzo sobre mi cama.
Pero cuando abro los ojos, ya no estás…
¡Nela, Nela!
Reconócelo. Llegaste
completamente sereno a casa,
cansado y cargado de equipaje,
con algo de hambre y con la
intención comer algo sano,
de no comer más que lo que
de verdad necesitaras…
reconoce que el dinero voló,
que desapareció de tu cartera
y no lo viste si quiera
en tu hígado a buen recaudo…
Reconoce que fue larga
la noche; y agitada e interesante;
que volviste a conocer
de primera mano aquello
de Ecce Homo, humano, demasiado humano.
Reconoce que lo divino
se descubrió más humano,
y que no escuchaste
a tu padre decir
que le quedan unos pocos días a tu tía,
que tu seguiste comiendo
sin saber si asentir intuitivamente,
o preocuparte por
los gestos clavados en el rostro de tu padre.
Emoción, y dos suspiros de deseo
cazados en pleno vuelo.
Al abrir mis manos los engullo
y arriesgo su sabor.
*
Un mar agitado frente a un atlante
con ganas de observar:
“El Mar, ¿cuándo llega el Mar,
el Barco azul de la Ciudad-isla, el ave gigante de las olas?”.
*
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