Amanece
Luna llena de día
El sol sale del agua
Vuelan las gaviotas
No me gustan los géneros,
no son de seda, ni de algodón,
ni tampoco de lino.
Prefiero los sexos desnudos,
no sangran los cuerpos.
Empedrado de luces eres a mi alma
barranco que arrastras en tus aguas
las savias de los cielos y de los riscos.
Barranco que me hace barranco
atravesando la sangre de mi pecho,
estruendo sonoro en las presas y acequias.
Barranco que muerde mi carne con savia blanca
raíces de cardones, tabaibas y ahulagas
se clavan en mis encías.
Barranco que me arranca la piel
y encarna en era, semillas de lauisilva
y retama aventan mis venas.
Barranco que me abraza, zarandea y golpea
arrastrándome hasta los cantos de la playa,
me arrodillo, alzo mis brazos hacia el cielo,
y con él te trago. Tierra abierta por un arado.
Alzó la vista al cielo
y en él puso
la tierra húmeda del suelo.
El Sol es un Templo,
y, como una mendiga,
me siento a sus puertas
para entrar dentro.
Asoma su corazón rojo.
Un ave cantora
le arrancó la carne del pecho.
-¿El Azul …?
¡¿Qué es el Azul?!
- Sí, el Azul.
-… ¡Míralo! ¡Mira al Azul!
¿Dónde está? ¡¿En los cielos
y en los mares?!
¡Pues míralo, mira al Azul
de los cielos y de los mares!
La respiración te dará la respuesta.
¡El azul es el desahogo, es el descanso,
es la luz que nos lleva río abajo
a donde yacen los demás colores!
Es ese espacio íntimo de aspiración
en la infinitud donde se calma el alma.
I
Llevo el Azul
a mi pecho
y, ahí, lo respiro
para saber las respuestas
de mi alma en los cielos.
Me gustaría
que uno de mis nacimientos
fuera en un establo,
entre mulas y bueyes
cebada y centeno.
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