Cuento (Extracto)
(…)
Un canto que edulcora un grito y lo abraza. Un esfuerzo desmedido de una madre a punto de dar a luz. Y un grupo alrededor, rodeándola, celebran a coro. Treinta o cuarenta personas adorando al bienvenido, deseándole caricias y buenaventura. Todos murmuran sobre la valentía y juventud de la madre. Está dentro de un chamizo hecho con cañas y troncos, hay, además, junto a ella tres mujeres que la ayudan y jalean. En la entrada, otras dos rezan por el que llega; también por la que se va. Es increíble como brama. Como sabe que su época se acaba. Una señora recorre el recinto saltando, ajena a la algarabía mientras mueve un sahumerio, fuma una especie de puro y lanza su humo al aire; para finalmente, quedarse petrificada, mirando al infinito azul de arriba. No estará solo el pequeño Ali, el que se acomoda a las circunstancias, todos estaremos a su lado, Aruma, mujer de la noche. Sé feliz. Cuida de nosotros a donde quiera que vayas.
Las nubes bajas presagian lluvia. El contacto con los cedros, las caobas, y las ceibas, al arrullo de los berzales traerán lluvias, presumiblemente intensas porque hace dos horas las zancudas se alejaban, nómadas del aire. A lo lejos se presiente el rumor de la cascada del gran Ankuwillka, indomable, constante como el Sol. Un precipicio de 150 metros, un inmolarse del agua, para seguir su camino.

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