Compensación
En el ceño lleva grabada la M de madre que jamás se instaló en sus entrañas.
En el ceño lleva grabada la M de madre que jamás se instaló en sus entrañas.
La basura doméstica bosquejaba su identidad, pero él tenía su arte para burlar a la muerte. Ató la bolsa con un hilo de cobre y la encerró en un bloque de mármol.
«Soy nacido en el amor,
y el mismo sol me tuesta,
y en el palacio del rey
sin mí no hacen una fiesta».
Manuel Viera Díaz
(Salinero de Arinaga)
Necesitó jubilarse y pasear para ver la loma. Ahora se da cuenta, desde la loma, que se ven sus compañeros por encima de los muros.
Murió feliz en brazos de su amante. Nadie la conocía tan íntimamente como su pie derecho; sólo la línea discontinua, entrando entre sus piernas a toda velocidad, era capaz de llevarla al orgasmo.
No entendía por qué se abrían sus ojos cuando se moría de sueño, ni cómo sus piernas podían moverse si estaba cansado. Por qué bailaba sin ganas o mostraba alegría si era el hombre más infeliz de la Tierra. Se preguntaba qué le hacía seguir trabajando y vivir día a día. Sería su fe en algo grande o su esperanza de cambio. O quizás la razón estuviera allá arriba, en aquella cruceta, al final de los hilos que ataban sus brazos y piernas.
Habían pasado del Chinchón a la Canasta en menos de un año. Resistieron la Carioca un par de meses y en otoño empezaron al Guiñote. Acabaron el verano al Julepe y hoy, reparten al Tute mientras doblan las campanas. En el silencio de los dos el mimo deseo: que sea el otro quien aprenda al Solitario.
Pirateó la agenda del tiempo y lo condenaron a la vida eterna.
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