Cuando llegan las primeras horas

Silencio. Y amanecía.

El paso rítmico, lento y cansado,

satisfecho de las horas en vela,

desliza suave su broche

sobre una mañana aún reciente,

las hojas al viento,

el viento en las hojas,

y los árboles húmedos de luz.

Aire. Aire trazado a pinceladas,

con trinos y piares, mientras la hierba

despereza una tierra

aún dormida y fresca.

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  1. R. Alzala
    agosto 29, 2007 en 5:37 pm

    Para que luego digan de mi poesía rural 😉
    Saludos nuevamente Pablo.
    Buena retroalimentación.
    Un soplo de aire fresco para esa nocturnidad de poemas al borde de una barra y con ojos clavados en la camarera de turno 😉

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