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Claudio Rodríguez García: fragmentos, y miscelánea (1º parte)

[…] No era consciente, repito, de que la contemplación viva entraña un acercamiento y un alejamiento ante el misterio de la realidad y de la posibilidad, digámoslo así, del conocimiento intuitivo de ella. De aquí que la ignorancia, en el sentido más revelador, informe e invente estos poemas:

Las imágenes, una que las centra

en planetaria rotación, se borran

y suben a un lugar por sus impulsos

donde al surgir de nuevo toman forma.

Por eso yo no sé cuáles son éstas.

¿Mi ignorancia era sabiduría?  No sabía entonces, ni ahora, que la contemplación, que es pensamiento, entraña moralidad y que mis caminatas por los campos de mi tierra iban configurando y modificando, a la vez, mi visión de las cosas y la de mi propia vida. […]

Como avena

que se siembra a voleo y que no importa

que caiga aquí o allí si cae en tierra,

va el contenido ardor del pensamiento

filtrándose en las cosas, entreabriéndolas,

para dejar su resplandor, y luego

darle una nueva claridad en ellas.

[…]

[…]

Volviendo a otro plano: la expresión de dichos límites, entre la transparencia y la opacidad, tiene sentido a través de una técnica, por decirlo así; de las posibilidades rítmicas, sintácticas (ordenación de los elementos de los versos*), léxicas del lenguaje (vocabulario empleado), etc.

[…]

El merodeo hacia la exactitud, quizá, del estilo, puede adquitir varios matices, varios resultados que, generalmente, se atribuyen a cánones o sistemas expresivos. Un endecasílabo no es el mismo si lo escribe Quevedo o X, o un octosílabo no actúa lo mismo en un romance infantil, o tradicional, o de ciego, o de Lorca, que en X, etc. El estilo, pues, consiste en la personalidad. En lo que he apuntado antes. En la calidad del espíritu expresado.

La plena vicisitud, o posibilidades o innovaciones, pueden conducir a la saturación del desconocimiento expresivo. Gran parte de la poesía contemporánea -y no sólo española- queda coja, inválida, y no únicamente por la absurda denominación de “verso libre“, sino por la distancia esencial del lenguaje ante las cosas.

[…]

El soñar es sencillo pero no el contemplar. San Juan de la Cruz sabía que el vuelo de la paloma tiene tres tiempos. Templar. Casi como en los toros…La velocidad y la armonía, los talleres, el crisol y el olor de los metales, y de los pueblos, y aquellas mañanas, tan remediadoras, después de la luz, o aquel sobaco… Pero de lo que se trata es de la aventura. La poesía es aventura -cultura-. Aventura o leyenda, como la vida misma. Fábula y signo. Y temple, repito, en vibración como fondo del misterio.

¿Por qué desplaza el mismo aire el gesto

de entrega o del robo,

el que cierra una puerta o el que la abre,

el que da luz o apaga?

[…]

Bibliografía: “Desde mis poemas”, de Claudio Rodríguez. Edición del autor

Enlace en la Wikipedia sobre este autor, aquí

Los paréntesis y la cursiva en el texto son míos...y los hiperenlaces tambień, lógicamente, jeje.
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  1. abril 18, 2009 en 6:12 pm

    Recomiendo vivamente leer (y volverlo a hacer muchas veces)a este hombre. Yo tuve la suerte de tenerle como profesor durante un curso de doctorado y quizás eso me ayudó a valorar aún mejor sus palabras escritas. Le considero un maestro.
    Gracias, Javi, por ponerlo tan fácil.

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