Esmeralda

mito

Imagen: Mito de Flor Garduño.

Despierta en medio de una habitación. Está totalmente vestido. La estancia en la que se encuentra le resulta familiar. No sabe cómo ha llegado, ni qué hace allí. La piel le arde, se deshace de su chaqueta y de la camisa. Su cuerpo presenta heridas profundas a modo de zarpazos. La ropa no presenta ni un rasguño. Intenta no entrar en pánico. Busca su diario de viaje, lo localiza sobre el escritorio. Lo abre a partir del día anterior y lee buscando una explicación.

Día 13

10:05
Aprovecho para escribir desde el Regional destino Oviedo. Allí me encontraré con Miguel Barona, doctor en antropología social. No he tenido la oportunidad de conocerlo en persona. Sí por medio de sus investigaciones y mediante correspondencia.
Deseo conocer sus opiniones respecto al avance en mi investigación.
Aprovecharé el trayecto en tren para revisar mis notas. Atrás quedan Palencia, León y Ponferrada.

12:50
Llego a la estación de Oviedo. La ciudad me transmite algo difícil de explicar en palabras. A las 13:30 he quedado en verme con Barona. Daré un paseo.

17:05
El encuentro ha ido mejor, incluso, de lo esperado. Estuvimos hablando durante casi todo el tiempo de la transmisión de mitos populares a través de las generaciones.
Tomamos el cercanías hasta Gijón, almorzamos y me emplaza para mañana. Ahora pondré rumbo al hostal. Tiene unas vistas inmejorables, justo en frente de San Lorenzo, y de ahí el mar.

18:30
Algo extraño me sucede. Creo que sólo se trata de cansancio acumulado. La cabeza comienza a martillar. Tomaré algún analgésico.
He recorrido el casco antiguo. Es una ciudad evocadora. El Cantábrico tiene algo que no he visto en otro lugar, a pesar de que vengo de una ciudad costera.
Sigo mi camino por la playa de Poniente, subo por Cimadevilla hasta los acantilados. Me detengo en el cerro de Santa Catalina. El verde lo inunda todo, es algo que impresiona y de repente se pierde en el lacerante azul. De aquí voy dirección al ayuntamiento, paseo entre los edificios, me siento extraño, una extrañeza familiar. Llego al parque Isabel la Católica y es cuando comienzo a dudar de mi estado mental.

23:45
Si alguien leyera estas palabras pensará que mis facultades mentales no son plenas.
Es definitivo, el cansancio y la investigación están haciendo mella en mi cordura.
Me encuentro en la habitación del hostal. No me parece tan acogedora como antes.
El viento golpea las ventanas, es como si alguien intentara apuñalarme desde fuera.
Tras pasear por la ciudad, la cena. La cena resultó satisfactoria aunque no he conseguido apartar la nube de mi cabeza.

Tras el extraño incidente del parque me he comenzado a sentir perseguido. También comencé a visionar sombras en la periferia de mi campo visual. Lo achaco al cansancio, los viajes, no he parado en doce días.
Tras abandonar la sidrería, a la que había llegado tras la cena, paseo entre la penumbra. Los edificios que esta tarde parecían brillar, me transmiten una sensación de desamparo que me hace sentir frágil. El frío pone sede entre mis huesos, aunque incomprensiblemente  mi piel arde. Otra vez esa sensación de sentirme perseguido me atenaza. Entro en la primera taberna que veo, comienzo a sudar.
Me siento en la barra y pido un trago buscando la ansiada calma. El tabernero es un paisano . Se percata de mi estado y me pregunta. Le digo que sí a todo. Entablamos conversación y pregunta sobre mi procedencia. Es fácil percatarse de que no pertenezco a este lugar. Entre frase y frase comienzo a examinar la estancia. Es él quien habla, no parará. Diferentes figuras talladas en madera e innumerables óleos adornan la estancia. La luz me parece cada vez más escasa. Algunos cuadros me suenan, se corresponden con diversas localizaciones que he conocido a lo largo de la tarde. Al llegar a uno de los cuadros me estremezco.
Una mujer desnuda con la mirada perdida, ojos de azabache, pelo negro, largo muy largo, no sabría traducir su gesto. Sujeta el cuello de un cisne entre sus manos. Al preguntar sobre el cuadro, el paisano, cuenta que ya estaba allí cuando adquirió el local. Me dice algo del propietario anterior, ahora me cuesta seguirlo ya que mezcla palabras en castellano con otras propias del dialecto de la zona. Sin embargo sabe lo que representa y me cuenta la leyenda de Esmeralda.

Esmeralda era una joven y bella carbonera. Nadie supo nunca de su pasado, apenas se sabía de ella. Aunque, como en este tipo de historias, siempre hay alguien que sabe o se inventa los datos que se desconocen.
A menudo se la veía pasear por la orilla de la playa, trazaba extraños símbolos en la arena -afirma-. Dicen que hizo un pacto con un demonio. Se desconoce la razón.
De lo que sí está seguro mi interlocutor es que a partir de aquí, la historia no varía.
Un día llegó un extranjero al que se le vio acompañado de Esmeralda, que parecía otra persona, ye lo que tiene el amor -comenta el paisano-. Pasaron semanas, y ese extranjero desapareció. Nunca se le volvió a ver. Desde entonces Esmeralda parecía sumida en un extraño letargo. Aseguran que a menudo se la veía en una laguna cercana, acompañada de los cisnes. Cuando llegó la época de migración desapareció. No así su recuerdo pues hay quienes aseguran que la han vuelto a ver, desnuda, junto a un enorme cisne. Y eso no es todo, quien la ha visto -asegura- no vuelve a ser el mismo.

Tras la historia, un último trago y me despido. Pongo rumbo a esta habitación y transcribo el resto de la tarde y noche.
Pensaría que todo es ficción pero, esta tarde a las 18:30 he visto en el parque, Isabel la Católica, ese rostro inexpresivo y esos ojos azabache entre las espadañas ,sujetaba entre sus manos el níveo y extenso cuello de un cisne.

23:59
Llaman a la puerta…

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  1. mayo 4, 2009 en 11:01 pm

    Gracias por darnos a conocer a Flor Garduño. He estado ojeando su página y sus fotos son de una plasticidad aplastante…

    ¿Esmeralda parece que enamoró al extranjero en forma de heridas profundas como zarpazos que queman ayudada de esa extraño conjuro que ha hecho con “el mal”… o bien, el estrés hizo presa en nuestro amigo antropólogo e imaginó lo que su cerebro cansado con sinapsis entumecidas, quería ver tras escuchar las leyendas populares… o simplemente bebió más de la cuenta en el almuerzo…?

    ¿Quién toca a su puerta?

    Me gusta el desarrolo de esta “leyenda”, pero no sé si es la hora o el cansancio del día, y no logro entender del todo el texto…

    Bss.

  2. R. Alzala
    mayo 6, 2009 en 1:27 am

    Los agradecimientos a El Ángel, a los que me uno.
    Tú solita te preguntas y te respondes 🙂
    Sabes que las dos teorías son válidas y si hubieras mencionado la de la abducción intraterrestre también.
    Un oshidori es quien llama a la puerta… Se había confundido de relato 😉
    Te comprendo, para mí al texto le faltan el doble de líneas o le sobra la mitad.
    Gracias.

  3. junio 2, 2009 en 2:51 am

    Me gusta la historia. Acertadamente escrita, en general, y muy bien ambientada. Creo que se entiende bien el final, que enlaza con el principio. Sin embargo, un solo pero: la anotación de las 18:30 no me parece verosímil. Pareciera que está dictándole a una grabadora, no escribiendo en un diario. Me explico: si todavía no ha visto a Esmeralda a la hora de escribir eso, no tiene sentido que dude de su estado mental aún. Y si lo ha escrito después de verla, la disertación sobre el Cantábrico y la descripción de su itinerario no parecen muy lógicas; no después de ver a una mujer desnuda sujetando el cuello de un cisne. O vestida, tanto da. Si hubiese visto algo tan turbador como para dudar de su estado mental, lo mencionaría en el diario en primer lugar, supongo.
    Por otro lado, el escribir en tiempo presente le da más aspecto de monólogo interior, o, como dije antes, de apuntes con una grabadora que un pasaje de un diario.
    Espero que no te moleste esta pequeña observación. Por lo demás, me parece un buen relato, excelente por momentos.
    Un cordial saludo.

  4. R. Alzala
    junio 2, 2009 en 10:31 am

    Gracias compañero. Este texto lo tengo pendiente de revisión, aunque la parte que mencionas no la había tenido en cuenta.
    Agradezco observaciones y comentarios, me ayudan a que el texto sea más entendible, a terminar de sacarlo de mi cabeza y mejorarlo.
    Un saludo y gracias.
    PD: observe y comente todo lo que quiera.
    En este espacio tienen patente de corso para tal efecto.

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