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Hasta el final

Hungryforyourtouch - Jan Saudek

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El ascensor asciende. Sin opción de percato lo transporta al último piso. Las hojas metálicas le ceden el paso y se dirige, confuso por un instante, hacia la luz. Da unos pasos y se detiene en el pasillo. Mira por el hueco de la escalera, nueve pisos como nueve años, lentos e inmutables con sus escalones, con sus barandillas, con sus intimidades, con sus fortunios e infortunios. Se aleja del hueco de la escalera hasta llegar a la ventana. En sus bordes barnizados apoya los antebrazos.

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Llora en medio de la noche. Hace años que se acostumbró al llanto nocturno de su esposa.

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Desde la altura, los edificios le transmiten una extraña melancolía. Tal vez esa que arrastra consigo desde niño. Recuerda las palabras de su abuela: “de pequeño parecía que siempre estaba triste”. Se dice a sí mismo que no era tristeza, sino extrañeza ante la vida.

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Ella se embriaga con el perfume frutal de las biznagas. Contempla los ramilletes y lo mira con esa forma, innata, tan seductora. Viste un traje de verano. Es su primer viaje juntos.

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Una última vista hacia el horizonte. La montaña le recuerda que el sol aparecerá mañana y alumbrará un nuevo día desde el lomo de la ladera.

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Recuerda la primera vez que se vieron. Los amigos pueden ser seres bastante desagradables si se lo proponen. Aquella tarde todo estaba dispuesto para que se conocieran. El Malvasía habló por ellos. Sus tactos se encontraron y de ahí al embriague, a los sudores compartidos, al nos queremos más que nadie.

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Los edificios lo devuelven a su vida y a los nueve pisos. Baja a pie hasta el cuarto piso sin cruzarse con vecino alguno.

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Sus bocas se encuentran. Pregunta por los resultados médicos. Aquella tarde todo cambió.

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Introduce la llave en la cerradura y con un leve movimiento hacia la derecha abre la puerta. Al entrar le asaltan varios rostros conocidos. No recuerda que habían quedado en casa para almorzar. Ella lo rodea con sus brazos y apoya la cabeza en su pecho, le besa el pelo y tras los saludos pertinentes el almuerzo.
Charlan animados, intentan arreglar el mundo mientras vacían botella tras botella.
Ella comienza a contar una historia que guarda en su pecho con ternura melancólica. Atardece, él mira cómo la luz se filtra por la ventana del salón. Toma la mano de su esposa y la besa.
En su primer viaje visitan un pueblo. El clima viste la región de una tonalidad propia. Temperatura suave en una perpetua primavera. Pasean de la mano por las estrechas calles del desconocido pueblo, contemplando una flora y una orografía que desconocen. Deciden entrar a un bar para almorzar. La felicidad les embriaga. El lugar es un asador con una decoración rústica. Objetos de labranza cubren las paredes y las sillas son troncos.
Una pareja con dos niños se encuentra en una mesa cercana. El más pequeño no para de hablar y de moverse. Les resulta muy gracioso, además la manera tan peculiar que tiene de hablar con acento del Sur. Les llama la atención la juventud de sus padres, aunque reparan en que puede que no sean sus hijos, tal vez sean hermanos. El pequeño se sube a uno de los troncos y come un pedazo de queso, su hermana, algo mayor que él, le pide que se comporte. Para ser tan pequeña tiene carácter. Entonces el pequeño en un ataque de hiperactividad sale corriendo por entre las mesas. Tropieza, cae y se levanta, mira hacia su mesa y la pequeña le recrimina el no estarse quieto, entonces se pone a llorar. Son muy graciosos y es curioso que la pequeña tenga un acento, al hablar, diferente al del pequeño. Sus padres o hermanos lo miran con calma y antes de que se levante, el pequeño, pone sus ojos en ellos. Se acerca con paso torpe y les pide que si lo curan. Ella lo toma en brazos y lo consuela mientras él saca una foto. Miran hacia la mesa y sus padres o hermanos ríen mientras la pequeña se acerca hacia ellos. Pide disculpas por el hermanito, y lo lleva de la mano hacia su mesa.
Al término de la historia enseña la foto. Sus ojos parecen cristales apunto de quebrarse pero no sucederá, al menos en ese momento.
Ya de noche comparten su soledad, siguen bebiendo y se sientan en el suelo. La abraza y la besa, ella le pregunta por qué sigue a su lado, él responde con un beso. Cierra los ojos y se recuesta sobre el firme. Él sigue bebiendo, sabe que es inútil evadir perpetuamente la realidad pero le ayuda. La estancia comienza a transformarse. El suelo ahora es de madera, no hay nada en la estancia salvo el cuerpo dormido de su esposa. La luz que se cuela desde la habitación contigua le confunde, no logra distinguir la puerta. Las paredes han cambiado, le recuerdan a aquella casa en el Sur. Su cuerpo cae, de manera acompasada. Los párpados ceden, ve la mano de su esposa e intenta alcanzarla, en la pared se dibujan los garabatos de los hijos que nunca tendrán.

Dramatis personae:

http://visionesdelaluna.blogspot.com/2009/05/siglo-xxii.html

http://lotofagosynenufares.blogspot.com/2009/05/informe-845b3.html

http://momentosdelucesysombras.blogspot.com/2009/05/cristobal.html

http://correrescosadecobardes.blogspot.com/2009/05/anatomia-de-un-crimen.html

http://correrescosadecobardes.blogspot.com/2009/05/y-al-final-tu-nombre.html

http://spulzeer.blogspot.com/2009/05/juegos-de-manos.html

Imagen: “Hungry for your touch” de Jan Saudek

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  1. mayo 19, 2009 en 9:49 am

    Lo leí dos veces y no lo comprendo, hay unos saltos en el espacio que no entiendo. Quizás sea yo que tengo algo deprisa, volveré a intentarlo más tarde.
    Un saludo.

  2. R. Alzala
    mayo 19, 2009 en 10:30 am

    Gracias: El Ángel, me sirve mucho ese tipo de opiniones. Espero tu opinión en lectura sucesiva.
    Un saludo.

  3. mayo 19, 2009 en 5:28 pm

    Precioso y triste. Es increíble las vueltas que podemos dar en nuestra cabeza a determinados sentimientos y sensaciones, antes de llevar a cabo una determinada acción.

    Esta vez, me ha costado menos entender tu texto (¿será porque le voy cogiendo el “tranquillo” a tu forma de expresarte?… que es difícil). La idea de ir hacia delante y hacia detrás y saberla manejar, me parece buena, y mezclarlo todo como si fuera (¿o es?) un sueño…

    Los cambios de escenario, me hacen recordar a Marguerite Duras.

    Por poner un pero, no entiendo este parráfo: “Llora en medio de la noche. Hace años que se acostumbró al llanto nocturno de su esposa”… ¿Por qué llora la esposa? ¿intuye? ¿es ella la que está recordando todo como si de una pesadilla se tratase?

    ¡Eres complicado… y eso que de mí se quejaban!

  4. Benita
    mayo 19, 2009 en 9:40 pm

    Coincido con el Ángel y con lunática, en algunas de las cuestiones que plantean.

    Es original, interesante como se presenta el texto pero me resulta también complicado entenderlo. Me gusta más la primera parte, creo que el texto, en mi opinión, sería más atractivo si la segunda parte siguiera la misma estructura concisa de la primera, creo que esa parte necesita algo de contención, ser más directa.

    Me gusta esa técnica de describir a un mismo tiempo varios momentos distintos, describirlo a él mientras está apoyado en la ventana mirando los edificios y mezclarlo describiendo a un mismo tiempo momentos de su vida que en ese momento él está recordando.

    Algo que si no entiendo es el significado, la trascendencia que tiene cuando él saca de su cartera una foto, es un elemento que se introduce pero que no se explica su relación con lo que en ese momento acontece. Sería bueno, Rayco, que lo explicaras, ah, y no me vengas con “cada interpretación es válida”, bueno, vale, explicalo si quieres.

    Y Lunática, decirte que no creo que seas complicada escribiendo. Eso sí, tienes algunos textos que a mí me desconciertan, me dejan como diciendo y esto a qué viene,que no quiere decir que estén mal escritos sino simplemente es por la forma de abordar algunos temas. Pero después, querida Lunática, tienes algunos muy tiernos que me gustan mucho.

    Un fuerte abrazo.

  5. mayo 20, 2009 en 11:32 pm

    Bueno aquí estoy nuevamente. Lo prometido es deuda. Te cuento que después de tres lecturas más y una charla con Lunática, empecé a entenderlo. Esto no significa nada, quizás hoy estoy demasiado lento para tu texto. Yo no hago críticas literarias porque me dan demasiado respeto pero sí puedo transmitirte mi experiencia personal ante tu post. Comprendí los juegos de tiempo y espacio que haces en la separación de párrafos, eso me gusto cuando lo entendí. Sigue no quedándome claro que es lo que finalmente pasa. ¿ Él se duerme, es un sueño, esta borracho y por eso el ambiente se transforma? No me queda claro ese final. Es valido que quede abierto a la interpretación del lector, pero no sé si esa es la intención o está oculta en esas últimas frases la clave para la comprensión.
    De no ser así, en ese punto caben muchos finales, y si te tomas tanto trabajo en la estructura del relato no creo que el cierre a ti te dé igual.
    Como simple lector, creo que si me metes en tu laberinto debes darme el hilo de Ariadna para que te siga y no me pierda.
    Yo llegue hasta acá con 5 lecturas y charla de apoyo porque me encapriché en entenderlo, y me encapriché porque se trataba de ti y estamos compartiendo este “juego literario”, sino en cualquier otro blog ante un texto que no comprendo lo más probable es que pase a otro y si el otro es igual de complejo cambiaria de blog.
    Te repito que no soy crítico y que todo lo que te digo solo se basa en mis sensaciones.
    En síntesis me a gustado aunque no termino de descubrir el final.
    Un saludo.

  6. R. Alzala
    mayo 22, 2009 en 11:14 am

    Gracias por la paciencia y las opiniones, me son de gran ayuda. Estoy reescribiendo, revisando algunas partes, desde que lo tenga lo rulo. El Ángel, no sé si pasarte lo que será la versión reescrista… Tras cinco lecturas… Posiblemente me maldigas. Para creer que no lo has entendido prácticamente lo clavas.
    Beni, lo de la foto pensé que estaba claro, de todas formas no es él quien la saca sino ella, cuando tenga la versión revisada comprenderás la trascendencia ;).
    Lunit, te costó menos porque comienzas a comprender como funciona la manera enferma que tengo de pensar 🙂
    Lo entiendes mejor así:
    Ella llora en medio de la noche. Hace años que se acostumbró al llanto nocturno de su esposa”.
    Gracias y gracios por aguantar mis experimentos.

  7. mayo 22, 2009 en 11:43 am

    Con todo gusto R.Alzala leeré tu escrito. Prometo no maldecir.
    Un Saludo

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