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La poesía se mueve fuera de todos los ombligos, artículo 1 de n

A continuación, tras hacer clic en “leer más”, leerán más que estás pocas palabras impertinentes; y leerán sobre la poesía que se cuece en Zaragoza y entre las que  se encuentra Ángel Petisme poeta que, casualidades de la vida, se ponía en boca de Maese Alzala el sábado pasado para hacerse conocerse.

Pueden este y muchos más artículos en la revista en línea Poesía Digital

Manuscritos encontrados en Zaragoza

1. Zaragoza. La fuerza recae en sus cuatro sílabas; y el lector situará sus coordenadas narrativas, pero quizá le cueste más con las poéticas: muchos narradores actuales de la ciudad han trascendido a los catálogos de las editoriales nacionales —o publican con la excelente Xordica, prestigiosa y bien distribuida— pero, salvo excepciones, el salto se resiste a los poetas. Confirman la regla, y exhiben denominación de origen, Jesús Jiménez Domínguez (Fundido en negro; Premio Hermanos Argensola; DVD, 2007), David Mayor (En otra parte; Pre-Textos, 2005), y ese prodigio aún secreto —ojalá, muy pronto, masivo— que es Fernando Sanmartín (Antes del hielo; Cuatro Estaciones, 2001). Y en Zaragoza reside, y escribe, el barbastrense Manuel Vilas (desde El cielo, en DVD en 2001, a Calor, en Visor en 2008), tan influyente en muchos de los nuevos poetas, y el oscense Ismael Grasa, célebre como narrador, pero también poeta de gran interés en Nueva California (Xordica, 2003). Pasaron por allí el cántabro Lorenzo Oliván (a su etapa aragonesa pertenece La noche a tientas; El Gaviero, 2006), y la orensana Miriam Reyes; y, desde su exilio en la madrileña Residencia de Estudiantes, Juan Marqués acaba de debutar con Un tiempo libre (La Veleta, 2008), que comparte ciudad con el bilbilitano Ángel Petisme (recién salido de imprenta Cinta transportadora; Premio Claudio Rodríguez 2008; Hiperión, 2009), y Guillermo Molina Morales (Epilírica; Premio Antonio Carvajal para jóvenes poetas; Hiperión, 2008) hace lo propio desde París. Si olvido nombres, discúlpenme: echen la culpa, desde luego, a la ignorancia de una servidora.

2. Casualidad. Estas notas dispersas —no exhaustivas, no objetivas: apuntes de lectora, sin más— nacen de la casualidad: visito a menudo Zaragoza, me gusta deambular por las librerías Antígona (c/Pedro Cerbuna, 25) y Cálamo (c/Plaza de San Francisco, 4), suelo comprar en ellas libros editados en Zaragoza, de escritores que viven y escriben y publican —la mayoría— allí. Por tanto: no vivo en Zaragoza, no escribo en Zaragoza, no publico en Zaragoza, y sin embargo sí que atiendo con entusiasmo a la actualidad poética de la ciudad, porque a menudo hallo títulos que merecen la pena. Leo mucho a poetas jóvenes de Zaragoza, que ganan en número a los veteranos: autores nacidos a partir de la década de los setenta, que debutan en su mayoría ya en el siglo XXI, y se mueven en circuitos (editoriales, ciclos de lecturas, etcétera) similares. Este texto no concluye, no inventaría: sólo imito a Brainard y Perec, garrapateo unos me acuerdo sobre esos nuevos poetas de Zaragoza que, a mi juicio, recogen para su ciudad el testigo que ya se exhibió en Córdoba, Granada o Madrid, y que ahora —a mi juicio— late junto al Ebro, o en Logroño, o en Asturias.

3. Mujeres. 23 pandoras (Baile del Sol, 2009), antología compilada por Vicente Muñoz Álvarez bajo el subtítulo “poesía alternativa española”, incluye a tres autoras zaragozanas (Brenda Ascoz, Carmen Ruiz Fleta y Almudena Vidorreta) y otra vinculada a la ciudad, Miriam Reyes, que mientras residía en la ciudad publicó Espejo negro (DVD, 2001) y Bella durmiente (finalista del Premio Hiperión; Hiperión, 2004). La presencia femenina era también notable en Noreste (Eclipsados, 2004), antología de jóvenes poetas zaragozanos, aunque casi ninguna —salvo las mencionadas— ha debutado hasta ahora en libro exento. Otros nombres surgen con el volumen colectivo Parque de atracciones (coordinado por Octavio Gómez Milián; 1001 Ediciones, 2008): Laura Tajada, Clara Santafé y Ana Muñoz. De todas ellas sólo conozco los textos incluidos en ese libro, aunque Google me descubre que Muñoz ha publicado ya una obra exenta, la plaquette Sólo para la noche (Lola Editorial, 2009).

4. Eclipsados. Ascoz (Écorché, 2009), Ruiz Fleta (Cinco días en agosto, 2008) y Vidorreta (Tintación, 2007) forman parte del catálogo de Eclipsados; Noreste supuso su primera referencia. Y es que al hablar de nueva poesía en Zaragoza resulta inevitable mencionar a Nacho Escuín y su editorial, una plataforma desde la que concibe —también— actividades como el ciclo de lecturas Este jueves, poesía, en el ámbito de la Universidad de Zaragoza, el encuentro de jóvenes autores en español La piedra en el charco —celebrado en Teruel en septiembre de 2008— o la colección de libros de la librería Cálamo.

Nacida a raíz de su experiencia con la revista universitaria Eclipse, Escuín ha concedido visibilidad en las librerías a la nueva generación de escritores de la ciudad —y, en general, de Aragón—; ahí disponemos de títulos en prosa, como Personas que acoges cuando no viene nadie (2008), de Ezequiel Martínez Llorente, Papel usado (2007), de Julio José Ordovás, o Un breve adelanto de las memorias de Manuel Troyano (2008), de Miguel Serrano Larraz, estos dos últimos también poetas. Regresemos, sin embargo, a la vértebra de estas notas: el verso. Uno de los más fidedignos análisis de la cuestión se limitaría a recorrer el listado de títulos publicados por Eclipsados: Julio Donoso (El estupor, 2008), Raúl García (Hace tanto frío en Alaska, 2005), Octavio Gómez Milián (Con el sueño cambiado, 2008), Pablo Lópiz (Cuaderno de sublevaciones, 2008), Puritani (Antes de que el cáncer me alcance, 2007) o Nacho Tajahuerce (Deshielo, 2006), y este mes de junio la ópera prima de Elvira Lozano. Y libros, también, de autores que dan sus primeros pasos, pero escapan por edad al paréntesis de estos recuerdos, como Fernando Sarría (El error de las hormigas, 2008). Y veteranos como Ferrer Lerín o Alfredo Saldaña, y nacionales como Enrique Falcón o Jorge Riechmann… Por otra parte, el propio Escuín es uno de esos autores jóvenes de la ciudad —aunque turolense de nacimiento— con cuya lectura yo más disfruto: me quedo, y les recomiendo por tanto, con Americana (Club Leteo, 2008).

Pero no sólo de Eclipsados se alimenta el lector. En Chorrito de Plata, impulsada por Enrique Bunbury y Antonio Estación, han editado Brenda Ascoz (En ajeno, 2007), Sebas Puente (Nos están dando pistas, 2008) o Carmen Ruiz Fleta (Música para perros, 2006). También el prolífico Octavio Gómez Milián (siete libros en tres años), uno de los jóvenes que han accedido al catálogo de Olifante (sello dirigido por Trinidad Ruiz Marcellán), junto con Jesús Jiménez Domínguez (Diario de la anemia y Fermentaciones, 2000) o el imprescindible y añorado Sergio Algora (Paulus e Irene, 1998). Lola Editorial, de la que es responsable el poeta Manuel Martínez Forega, o las Prensas Universitarias de Zaragoza, tampoco olvidan la atención al hoy; y los numerosos certámenes convocados desde instituciones ejercen como cantera. Destaca el de la Delegación del Gobierno en Aragón, publicado por Aqua y que en los últimos años ha premiado o distinguido con un accésit a Alberto Acerete (El universo femenino del esperma, 2008), Miguel Serrano Larraz (La sección rítmica, 2007), Jesús Soria Caro (The End, 2008), Nacho Tajahuerce (Manual de oficios, 2008), Almudena Vidorreta (Algunos hombres insaciables, 2009), o los ya experimentados Ángel Gracia (Libro de los ibones, 2005), Dolan Mor (Seda para tu cuello, 2006; Nabokov’s butterflies, 2007) y Miguel Ángel Ortiz Albero (Cuaderno de la sal en la mirada, 2005).

5. Futuro. Tres apuestas nacidas a mediados de la década de los ochenta: Diego Llorente Mateo, que en 2007 obtuvo el galardón concedido por la Universidad de Zaragoza gracias a Semáforos (Puz, 2008), reflexión sobre el paso del tiempo con un peculiar imaginario simbolista urbano que enlaza con el primer Luis Muñoz; Almudena Vidorreta, cuyas referencias bibliográficas ya he desgranado, responsable de un potente discurso que reflexiona en torno a la propia identidad, pleno de fuerza femenina; y Alberto Acerete, cuyo poemario reflexiona en torno a nuestra posición en el mundo, incorporando recursos que toma de Internet, y convirtiendo la expresión lenguaje nuevo en el antónimo de un lugar común.

6. Hipervínculos. Mencionaré, también, la labor de difusión en blogs, como los del narrador y periodista Antón Castro, Nacho Escuín, Octavio Gómez Milián, Marta Navarro García o Fernando Sarría. La intención de ocupar otros espacios para la poesía, con los espectáculos que mixturan música, poesía y teatro de Julio Donoso, Puritani (con el grupo Los Tanis) o el propio Gómez Milián (con Experimentos in da Notte). Pensaré en los poemas: de la introspección descarnada de Ascoz, Lozano o Ruiz Fleta al realismo carveriano de García y Tajahuerce; del latido beat de Donoso, Gómez Milián y Puritani, a la conciencia en Escuín y López, o el tono más tranquilo de Marqués. La poesía que emerge desde Zaragoza apuesta por el eclecticismo: pese a la cercanía de figuras importantes, como la de Manuel Vilas, no existe una escuela, una voz que guíe estos nuevos versos. Y les animaré, sobre todo, a servirse de los enlaces que salpican estas notas, a deslizarse de uno a otro, a conocer qué de bueno —mucho— escriben los poetas zaragozanos de ahora.

Elena Medel

[Fotografías: Jesús Jiménez Domínguez, Nacho Escuín y Almudena Vidorreta]

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