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Discurso *

Hola, buenas tardes a todos. Alguien hace tiempo me dijo algo precioso. Había decidido dedicarse a la docencia, con la intención de rescatar a los 3-4 niños de cada clase que se interesan por las letras, porque en su caso, ella había sido una de las evacuadas. Esa revelación me la guardé hasta hoy. Aquí, delante de todos ustedes, propongo que juguemos a ver a unos niños en edad del pavo recibiendo a un tipo alto, pelo rizado y gafas. El tipo tiene voz grave, se aproxima a su mesa y tropieza. Los chicos sonríen y él también. Está nervioso. Se sienta y mientras se presenta piensa en el número de ojos que lo están mirando. Justo lo que estoy pensando yo ahora. Todos a una abren el libro de Lengua Castellana y Literatura, pero al ver las caras de los chicos piensa que el martirio es excesivo en el primer día de clase. Así que entrega unas fotocopias donde hay poemas de Walt Whitman, Pere Gimferrer, Charles Bukowski, Ángel González, Luis García Montero, Roger Wolfe, Pedro Lezcano y Pedro Flores. Ya habrá tiempo, a lo largo del curso, de leer a Quevedo, Góngora y los grandes y extraordinarios clásicos. El tipo adora a las palabras y quiere inculcar eso. Considera que a través de estos autores los chicos verán la poesía desde otra perspectiva. Luego, cuando el curso avance ya habrá tiempo de profundizar y tratar de desenmarañar otros textos. Pide que alguien los lea en alto y, ante el evidente entusiasmo, es él quien empieza:

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.
Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza.

LA VIDA EN JUEGO, Ángel González

Nadie le hizo caso al profesor. A todos, menos a dos, les dio lo mismo. Pero esos dos de una manera o de otra acababan de observar cómo se derriba una puerta imaginaria. Como en su cabeza comenzaban a bullir libros y tipos que escriben libros y dicen cosas que nunca han pensado, pero que una vez oídas resultan encantadoras y emocionantes. Y un día ese chico o esa chica, -quizás por ese instante- en su habitación, a oscuras, se vea escribiendo y ya las ideas cambien de color. Poco a poco el magma intenso, la lluvia que recorre su mente para descender hasta el folio comienza a dibujar su cuerpo y su figura.


¿La culpa? La culpa la tuvo esa puerta que se abrió de par en par en clase. Y todo por ese tipo alto y de voz grave. Que de un hecho puntual (un segundo aislado) consiguió dar un empujón, sentar un precedente y crear un hábito, una costumbre. Forjar un alambre y, al cabo, tener un instrumento consistente, duro, tan duro que le permita sostener el más grande y maravilloso castillo en el aire que nunca imaginó.
Se abre un nuevo espacio, un mar a nuestros pies. Disfrútenlos. Intentemos que los demás también lo hagan. Hagan que los niños, que los adultos, que los perros lean a Francisco Ramírez Viu, a Roberto Bolaño a Javier Hernández o a R. Alzala y déjense llevar por el encanto de sus palabras, por la dulce melodía de lo que dicen y de lo que quieren decir. Vean como se construye un sueño. Súbanse a un sueño que avanza como un caballo ágil y hermoso, de piel marrón, tersa, con una mancha blanca entre los ojos, galopando por una playa vacía en una mañana cualquiera, con el sol, a lo lejos, al final del mundo.
Disfruten porque si disfrutan los demás lo harán como el profe desgarbado que nada más entrar en clase casi se tropieza y que sonrió y que enseñó a los niños que la poesía es la vida que envuelve a las cosas.
Aunque bueno, quizás, esto sólo sea la ilusión inicial de un joven filólogo el día de su orla.
Muchas gracias.

* Este discurso lo leí ayer, en el día de mi orla.

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  1. Trini
    julio 27, 2009 en 6:58 am

    ¡Enhorabuena Román!
    Y el discurso muy emotivo, los encandilaste seguro. Buen principio.
    Un beso

  2. R. Alzala
    julio 27, 2009 en 10:29 pm

    ¡Grande!
    Deberían ficharte para las orlas.
    Se pasó piola, un saludo.

  3. Supercoco
    julio 28, 2009 en 12:09 pm

    Que bueno Poeta, que bueno.

    un abrazo GRANDE.

  4. julio 29, 2009 en 8:14 pm

    Un discurso precioso.

    Un beso.

  5. julio 31, 2009 en 7:22 pm

    ¡Fantástico discurso!, me gustaría ser uno de esos niños que ve como llega el nuevo profe cargado de ilusiones que compartir.
    ¡Qué suerte tendrán tus alumnos!
    ¡Enhorabuena!
    (PD: Por cierto, ¿estás preparado para sufrir?)

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