Maggie

weegee

Siempre que llego a una ciudad tengo la esperanza de encontrarla. Por motivo de trabajo viajo muy a menudo, sabe. La rutina de los hoteles me agota, es un vivir apartado del mundo. Desde el interior de una frívola estancia puedes observar la ciudad, a pesar de la belleza de innumerables urbes a mí me entristece. Sí, no hay nada como la ciudad que uno eligió para vivir. A menudo echo de menos ese tipo de pequeñas cosas que hacen grande a un lugar. Entrar en un bar, los saludos, el trato indiferente de conocidos y amigos. Las mismas anécdotas de siempre, nuevas intrigas, la actualidad política…

Me parece una mierda, toda esa gente aparentando buena cara, con esos ridículos trajes, soportando a toda esa estúpida caterva con pasta. Si por mí fuera no me quedaría en ostentosos hoteles, pero son normas de la empresa. Aunque hay algo que sí echaría de menos, la bebida del bar, realmente merece la pena. ¿Cómo has dicho que se llama este cocktail? En el bar se conoce a personas interesantes y puedes beber hasta perder el conocimiento, todo a cuenta de la empresa.

Pero continuemos, hablábamos de mujeres, créame que ella no es una mujer al uso. Maggy, su nombre Maggy y la busco. ¿Está casado? Le deseo suerte, empezar a conocer a una persona es una experiencia irrepetible.
La primera vez que vi a Maggy me encontraba en la recepción del Mercure Nantes Central. Su manera de andar, la forma de consumir aquel tabaco fumado en boquilla, aquella cara que parecía estar sacada de un lugar desconocido por el hombre, esos enormes orbes en contraste a sus finas cejas… Sin duda, Maggy no es una persona que pase desapercibida, ella ni reparó en mí. Altiva, sofisticada, con estilo, todo lo contrario a lo que busco en una mujer pero, créame amigo, ella no es como ninguna mujer.

Mi mayor dedicación al llegar al hotel, tras un día de ausencia, era Maggy. La buscaba desesperado, verla era vital: en el bar, en la zona de recreo, en los pasillos, en las salas habilitadas para congresos y reuniones, en el ascensor. Era mi bocanada diaria. Es posible que pudiese vivir sin respirar, sólo con verla me bastaba. Al tercer día descubrí algo que avivó su halo de femme étrange. Me dirigía hacia el ascensor cuando la sorprendí en uno de los teléfonos ubicados en el hall. La primera impresión, como de costumbre, era de tranquilidad, todo parecía volver a la normalidad en cuanto la veía. Pero en esta ocasión fue diferente. Hablaba por teléfono, hasta aquí todo normal. Lo que no era tan normal es que lo hacía vistiendo con una escafandra transparente que dejaba ver su rostro. De la escafandra salía una antena y a la altura de la boca una pequeña abertura dejaba salir su cigarrillo. Sin duda Maggy, me había sorprendido una vez más.
Me había acostumbrado a verla desde primera hora en el desayuno. Minucioso la observaba, ¿qué extraño magnetismo me atraía de manera inexorable hacia esa mujer? Sin darme cuenta Maggy ocupaba un importante lugar en mi cabeza. Pasaba todo el día deseando volver al hotel, esperaba el instante adecuado para intentar un acercamiento, tal vez durante la cena o en sus momentos en el bar o en la zona de recreo. Deseaba sobre todas las cosas hablar con ella, formar parte de ella. A estas alturas me había vuelto un experto en Maggy: costumbres, horarios, manías, su cocktail predilecto: Velvet Hammer; la marca de cigarrillos, número de habitación, sus visitas al teléfono…
Hasta tal punto llegó mi obsesión por Maggy que comencé a no pegar ojo.
Por supuesto que me sentía inseguro, por muchos lugares visitados, por mucha pasta que pudiese ganar con un simple apretón de manos, aquella mujer estaba por encima de todo eso. Si te soy sincero Miki, ¿puedo llamarte Miki? Me recuerdas a un viejo amigo. Si te soy sincero lamento mucho no haberme lanzado. La indecisión, el miedo al fracaso son lastres, sólo eso. El riesgo Miki, el riesgo nos mantiene vivos por muy imposible que parezca la empresa hay que lanzarse, viviríamos más felices.
Fue en una de esas interminables noches de insomnio cuando decidí bajar. A esas horas no había nadie, tome asiento y me dispuse a hojear una revista. ¿Sabes que sucedió Miki? Control, no puedes tenerlo todo controlado es una fantasía inútil. Las puertas del ascensor se abrieron y allí estaba ella: traje negro, guantes negros, piel tan blanca como la de la luna… Se sentó en uno de los sillones. Sí, Miki allí estaba ella, enfrente de mí. Intenté disimular, pero no pude. Ella comenzó a examinarme, menuda mirada Miki, parecía que me analizaba de manera quirúrgica. Al llegar a la altura de mi pecho, yo miraba de soslayo, escuché aquella voz pálida, suave, tierna, dirigirse a mí por primera vez. Su acento afrancesado y lo improvisado de la situación hicieron que no me enterase de la pregunta. Asentí como un estúpido. Pasamos el resto de la madrugada hablando. Sabes Miki, aquella mujer no era ni la mitad de lo que había imaginado, era sorprendente. Cualquier palabra que use para describir el sentiment que me inspira es insuficiente. Al poco comenzamos a compartir habitación, sólo me pidió dos cosas: no preguntar por su pasado y que no me enamorase de ella. ¡Cómo pudo pedirme eso! Si antes de pronunciar la primera palabra ya era suyo.
“Me estoy encariñando, chico” -decía sonriendo- para acto seguido añadir: “podría acostumbrarme a esto”. Sabes Miki la pasta está bien, tener un apellido de renombre puede solucionarte parte de la vida pero cambiaría todo por volver a estar con Maggy. A la mierda la empresa, la pasta, el prestigio, la responsabilidad de llevar un apellido importante. Todo esto no vale nada sin personas, las personas Miki, deberíamos invertir más en las personas.
A pesar de todo sabía que nuestra relación tenía fecha de caducidad, tampoco debemos empeñarnos en avivar la llama de una vela que se consume. El día que marchó no sentí tristeza, sí vacío, pero no tristeza. Aún la llevo muy adentro Miki. Maggy no se despidió formalmente, tampoco lo necesitaba. Una nota en recepción junto a una caja fue lo que me quedó de ella. En la nota podía leerse: “Fue fantástico. Búscame, chico“. Sentí alegría al leer la nota, pero ¿buscarla? ¿Dónde? La caja era de medio metro mas o menos. Al abrirla pude ver su escafandra. Desde que nos conocimos nunca volví a verla con ella puesta. Había una nota: “Para hablar con Dios colocar, ajustar y marcar el siguiente número, recordar sacar la antena”. En ese momento la duda me embargó: ¿qué tenía que decirle a Dios? Y lo más importante ¿se estaría quedando conmigo o sólo estaba un poco loca?
Siempre que llego a una ciudad tengo la esperanza de encontrarla. Hace casi dos años ya. Me pidió que la buscara.

Resto de buscadores:

http://visionesdelaluna.blogspot.com/2009/08/cumpleanos.html

Imagen: Weegee

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  1. Román
    agosto 10, 2009 en 7:50 pm

    Es un texto cojonudo. Está muy bien hecho. Felicidades

    100.000 mil puntos para usted

  2. Maggie
    agosto 11, 2009 en 1:12 pm

    Las diosas somos así: elementos esquivos en un halo de misterio; seres excepcionales atados al tiempo; artistas del sueño concitando tu deseo.
    Me encontrarás de nuevo, y sucesivamente, en otras, seré la misma diosa; solo has de amar la vida para no tropezar con Kali y otras castradoras.

  3. agosto 11, 2009 en 5:22 pm

    El relato me ha encantado. Esta idea de un hombre de “éxito” que encuentra a una mujer “estrafalaria” en uno de sus múltiples viajes de negocio y de la que se enamora, acentúa la soledad del personaje principal. Historia real en cuanto a la temática. Muy bien argumentada.

    Y si me permites pongo algún matiz. La narración se asemeja a un monólogo interior (corrígeme si me equivoco) por tanto las comas, puntos y seguido, etc… podrían obviarse. Sin embargo, creo que hay alguna frase a la que falta el nexo (por ej: “Maggy, su nombre Maggy y la busco”); alguna con un matiz poco creíble (por ej: “voz pálida”… no entiendo que una voz sea pálida, salvo que se quiera dar un tono poético), etc… Tb hay frases maravillosas: “Mi mayor dedicación al llegar al hotel, tras un día de ausencia, era Maggy”.

    ¿Habrá segunda parte?, ¿Encontrará su felicidad en ella o tendrá que mirarse dentro?… ¿llenará su vacío?

  4. R. Alzala
    agosto 11, 2009 en 11:51 pm

    Polansky: gracias, es todo un honor viniendo de un prosista como usté.
    Maggie: agradecimiento, intentaré evadir la castración 😉
    Lunit: nívea, sensible y rotunda Lunit.
    Sí, te corrijo, no es un monólogo interior, es un monólogo o falso monólogo -acabo de acuñar el término- y aunque lo fuera no me atrevería a prescindir de puntuación -por ahora- llegado el caso creo que en eso podrías ayudarme.
    “Maggy, su nombre Maggy y la busco” viene de antes, se supone que el texto está empezado o mejor dicho la conversación. Pálida voz, es un oximorón y no voy a seguir con explicaciones 😉 gracias por los apuntes.
    MMmm por unos gin tonic escribo la segunda parte 😉 queda dicho.

  5. JAVIERHF
    agosto 12, 2009 en 1:39 am

    “El día que marchó no sentí tristeza, sí vacío, pero no tristeza.”

    Me encanta esa diferencia que haces entre sentir vacío y tristeza.

    La historia me gusta muchísimo y el detalle, grandísimo detalle, de la escafandra -detalles alzalianos- con el colofón final de ““Para hablar con Dios colocar, ajustar y marcar el siguiente número, recordar sacar la antena”

    me parece genial.

    Del texto, tras una sola lectura, pincelaría algunas partes pero creo que está muy bien conseguido y, además, lo veo perfectamente inserto en un relato mayor…o quizás no…quizás valga…el caso es que me quedo con ganas de saber más de Magie…¡cómo no! jeje

    Yo casi que te sirvo los Gin tonic…¡o no!

    Abrazargnok Bro!

  6. agosto 12, 2009 en 6:47 am

    R. Alzala imaginé que lo hecho con tus letras era adrede. Sólo hice esas apreciaciones personales que me suscitaron tu “falso monólogo” (ya deduces de mi comentario anterior que me gustó).
    Respecto al oxímoron que señalas yo no lo veo tan claro, pero obviamente puede ser una deficiencia de concimientos de esta “pobre mortal”. Desde mi punto de vista un oxímoron podría ser algo así como: “lluvia seca”, pero en “pálida voz”, no acabo de entender esa figura, a pesar de que poéticamente me agrada. Lo siento.
    Invito a esos gin tonic para fomentar la lectura de continuación de este relato. Intentaré encontrar una escafandra con antena y agujerito para respirar (fumar lo dejaremos por ahora).
    Bss.

  7. R. Alzala
    agosto 12, 2009 en 11:29 am

    Mille grachie Javo, te tomo la palabra, gin tonic = siguiente capítulo y Lunit parece que también se anima así que habrá un tercero… ¿Alguien más se anima a empapar la maquinaria creativa?
    Lunit, ya te explicaré la matemática de la figura, o lo que intenté hacer/decir. Se agradecen los apuntes.
    Pensándolo bien creo que es un “falso diálogo”.
    Jejeje verte con escafandra sería ya un chute de inspiración jejeje.

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