Ejercicio de ficción

– Buenas tardes Doctor.

– Buenas tardes, siéntese por favor. Veo que apenas ha descansado esta semana, Señor Otto.

– Oh no, sí he descansado. Durmiendo 8 horas todos los días, se descansa bien Doctor.

– Señor Otto, su cuerpo tiene unos bioritmos, unos horarios de descanso que han sufrido serias alteraciones. En estos informes pone claramente que no ha dormido a sus horas en las últimas 3 semanas. ¿Volvemos a lo mismo, Señor Otto? Vamos, dígame qué le pasa, cómo se siente, qué perturba su tranquilidad.

– Nada, Doctor. Descanso bien, ya se lo dije. Ocho horas diarias. Además, controlo mi alimentación, 5 raciones de comida, pequeñas, pero suficiente para mantener el metabolismo activo…No me pasa nada, Doctor, estoy bien. Me siento bien.

– ¡Señor Otto! No juegue conmigo. Hace ya dos años afirmó querer curarse, accedió a permanecer en estas instalaciones hasta su completa recuperación.

– Doctor, ya le he dicho que…

– ¡Otto! Sea razonable… Aquí tiene todo lo que necesita y sólo pedimos un poco de colaboración por su parte. Estuvo con unos terribles ataques de insomnio durante cuánto, ¿15 meses? Pero con mucho esfuerzo, y nuestra ayuda, había logrado contener el trastorno. ¿Qué sucede ahora? ¿Vuelve a las andadas? ¿A lo mismo?

– Doctor, por favor…

– ¡ Es cierto, Señor Otto! Debe afrontar la realidad. Tiene que volver al Mundo. Y este es el lugar que necesita para curarse. No hay lugar mejor que éste. No existe mejor sitio que esta casa. ¡Y bien sabe que deseamos verle fuera, sano, perfectamente capaz de valerse por sí mismo! Pero no así, Señor Otto, no así. No con esos hábitos irregulares, ni esas manías contemplativas. Durante las última tres semanas ha estado despierto hasta altas horas de la madrugada, alborotando a los demás internos, molestando al personal de noche, a las personas que, precisamente, están aquí para cuidar de Usted y ayudarle…

– Pero, Doctor, esto no es más que una etapa, no es para siempre…

– Señor Otto… Tiene el sueño cambiado. Se lo digo yo. Déjema hacer mi trabajo. Déjeme aconsejarle… Se dedica a tareas perturbadoras a horas inoportunas. No aprovecha bien el tiempo, y quizás lee demasiado, y demasiado tiempo a dedica a hacer nada, a quedarse ensimismado frente a una planta, un muro, el cielo, un insecto del jardín, una taza de café. Todo eso, Señor Otto, son excitantes innecesarios. Fuera todos. Distráigase con las actividades que tenemos preparadas, especialemnte diseñadas para su ocio y mejora. Coma a las horas debidas, con el resto de pacientes, acompañados por el personal del centro, aquí, en nuestro comedor. Vea los programadas de televisión que le planteamos. No lea todo el día. No escuche música rara. Déjenos hacer, y ya verá cómo se siente mejor, cómo logra conciliar el sueño.

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  1. agosto 13, 2009 en 2:43 pm

    Esta historia ya me suena de algo que leí…¡Lo que son las cosas! Habrá que innovar, jeje. Y se me ocurre ahora, post escrito, que en vez de un gabinete psicológico (si lo fuera, claro está 😉 ) la historia podría transcurrir en el centro de una carpa de circo.

  2. R. Alzala
    agosto 14, 2009 en 11:33 am

    Me gusta, sencillo de seguir, sin acotaciones, claro, directo. Habrá que volver a la época del gabinete del Dr Javinstein jejeje.
    GLÜCKWUNSCH HERR OTTO!

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