Memorias

Me voy a morir. Ayer en el sanatorio me detectaron tuberculosis. La muerte, en ocasiones, es algo que se percibe. Mucha gente muere por eso y yo no voy a ser menos. Quiero que mi vida tenga trascendencia. Ser recordado por los hijos de mis nietos. Propongo viajar a través de la vivencia que marcó mi destino.

Un día, en un rincón del bazar, tirado junto a unas latas y resto de comida podrida encontré unos papeles arrugados. Era un texto escrito en castellano antiguo. Lo leí, era corto y le faltaban las primeras páginas. No había oído hablar de él. Busqué, intentar saber más; descubrir –quizás- si alguien los había publicado. Nada. Ni una nota. Ni un detalle. Volví durante una semana, todos los días, a aquel lugar y jamás supe de quién era.

Un texto sin principio y con un grandioso final. Todavía lo tengo, si a alguien le interesa. Está en una caja azul debajo de mi cama, junto a mi pluma y dos piedras de la suerte. El título y el inicio lo escribí yo. Cantar del Mío Cid. Cuenta la leyenda de un héroe, Rodrigo Díaz de Vivar, y su lucha por recuperar su honor…

Lo mismo que pretendo yo con esa declaración.

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  1. R. Alzala
    agosto 27, 2009 en 11:38 am

    En general la idea me gusta: confesión, muerte inevitable, leyenda, metaliteratura…
    Me descoloca no saber la época en la que se desarrolla la historia, aunque por el estilo del texto tampoco es un dato transcendente.
    ¡Grande saludo!

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