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Morir por un sueño

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Despierto con un profundo dolor, mis manos directas al costado, las sábanas bañadas en el rojo. Moribundo, pesa más la idea de no volverla a ver que el dolor de esta herida.

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Sin duda accedió al recinto más íntimo de mí, ese rincón al que nadie tuvo acceso. Éramos tan felices. Ella, con su imponente figura, me miraba mientras sujetaba mi mano: esto no puede salir bien -decía-. Por mi parte intentaba convencerla de lo contrario.

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A pesar de nuestro impulso el horario de los encuentros era siempre el mismo: cuando la vigilia se apodera de la realidad y los sueños buscan ser soñados. Ella siempre quiso ser soñada por mí.
Durante años compartimos ese mundo onírico. Pero de un tiempo a esta parte la situación dejó de ser idílica. Ella se empeñó en decir que pertenecíamos a mundos diferentes, argumentando que no podría hacerme feliz siempre, que me aferrase a la realidad. Yo supliqué para que recapacitase. Pregunté si había otro sueño u otra persona que la soñara. Me dijo que no deseaba ser soñada por nadie más que yo, que era el único. ¿Por qué pensó que no podría hacerme feliz? ¡Pero si ella lo es todo! ¿Hasta dónde está dispuesta a llegar?

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Anoche decidió no continuar con nuestra relación. Lloró, mi sueño lloró y no conseguí consolarlo. Pronto, puesto que es un sueño orgulloso, secó sus lágrimas mostrando un semblante desconocido, ella que siempre se mostró cálida y cercana. Me miró con frialdad, lo hago por tu bien, tomó un sable, posiblemente sacado de un anacrónico sueño de batallas, y lo desenvainó. Por un instante algo parecido a la pérdida se dibujó en su rostro para, acto seguido, atravesarme con el frío acero onírico. Lo siento, pero es lo adecuado. Caí herido. Tomó asiento y con indiferencia me observó. Todo se tornó oscuridad, desde su generosa figura, hasta su mirada. Sus labios formaron una u invertida mientras su mano sujetaba el arma impregnada en el rojo lacerante. Me revolví en un dolor sin fin, mi cuerpo sangraba y en mi cabeza imágenes de su ausencia.
No vuelvas a soñarme, la próxima vez atravesaré tu corazón.

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Esta noche volveré a verla, lo tengo decidido. Estoy dispuesto a morir por un sueño.

Resto de soñantes:

http://visionesdelaluna.blogspot.com/2009/09/cara-y-cruz.html

http://momentosdelucesysombras.blogspot.com/2009/09/el-zangano.html

Imagen: Jan Saudek

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  1. septiembre 8, 2009 en 8:38 am

    Precioso texto cargado de simbolismos. Hay frases contundentes:
    – “Cuando la vigilia se apodera de la realidad y los sueños buscan ser soñados”
    – “Ella siempre quiso ser soñada por mí”
    – “Lloró, mi sueño lloró y no conseguí consolarlo.
    – “No vuelvas a soñarme, la próxima vez atravesaré tu corazón”.

    Me encantó. Gracias poeta-prosista-cuentista.

    • septiembre 8, 2009 en 12:59 pm

      Muy poético-onírico. Me gusta la idea del sueño que
      invade la realidad y viceversa. Muy bueno.

  2. eva-la-zarzamora
    septiembre 8, 2009 en 6:36 pm

    Es realmente un sueño este relato.
    No deseaba ser soñada por nadie más que yo… que sólo deseaba seguir soñando con ella.

    Bello relato.

    Saludos

  3. R. Alzala
    septiembre 12, 2009 en 12:04 pm

    Gracias por el paso.

  1. septiembre 11, 2009 en 1:48 pm

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