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After Agaete’s sea

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  1. Benita
    diciembre 6, 2009 en 2:35 pm

    Precioso Azul.

  2. R. Alzala
    diciembre 6, 2009 en 2:40 pm

    Como el de sus ojos cuando se ocultan tras sus párpados y sueña ser nereida.

  3. JAVIERHF
    diciembre 6, 2009 en 3:05 pm

    -El Gran atún, de Agaete-

    Transcurrieron días duros en la mar. Echado dentro del Nautiles, despellejadas sus manos y quemados a tirones sus brazos, el Viejo se abandonaba a sus últimas bocanadas de aire salino y luz.

    Su presa, un gran atún extraviado, flotaba burbujeando de cansancio. A cada instante olvidaba lo sucedido, para volver de nuevo a recordarlo. Días duros, sin duda. Terribles horas de luche y devoción por la vida.

    Al cabo de poco más de media hora, se escuchaban desde las barca las declamaciones más desvariadas del Viejo. El pez ya había recobrado fuerzas y se permitió el lujo de quedarse a escuchar aquellas canciones tan familiares. Recordó que ya su abuelo, que en red descanse, se las cantaba. Y también lo hizo su padre, justo antes de desaparecer en las profundidades…”Viejo loco”, pensó el atún.

    De repente el silencio se posó sobre las olas. El movimiento se hizo luz apacible y quieta. El Viejo calló su plática. El atún dudaba. No se decidí a nadar bien lejos de aquella barca. Nadie le esperaba en ninguna parte. Y quizás no llegaría muy lejos con aquellas heridas y tanto cansancio oprimiéndole todas las escamas… “Viejo desgraciado”, murmuró.

    Comenzó a caerse el sol, y el gran atún seguí dando vueltas al Viejo, que ahora dormía, o se dejaba llevar más y más por las ćantigas de la Muerte.

    De repente, se metió de un brinco el atún en la barca, y con el impulso del impacto contra la barriga del viejo saltó de nuevo al agua. “¡Maldito seas tú”, gritó el viejo mientras se iba al suelo de la barca de bruces y con las manos sobre el estómago.

    La costa no quedaba lejos. Por lo menos no tan lejos como ninguna parte, donde nadie le esperaba. Y tomo la decisión.
    Golpe a golpe comenzó a mover la barca desde abajo, tomando impulso desde las profundidades y empujando el vientre de la barca con todo su cuerpo una y otra vez, sin descanso. Eso decidió. Lleva al Viejo y su vieja barca hasta la orilla, con los suyos, con quien quiera que esperase aquella vieja red de carne marchita y enormes espinas.

    Bien entrada la noche, los pescadores acudieron alarmados a la orilla de la playa. Sobre las rocas, a unos treinta centímetros de la orilla, la barca bamboleaba tímidamente son el Viejo en su interior. Cuando los hombres atrajeron la barca más hacia dentro de la playa, observaron un montón de escamas ensangrentadas marcadas en el vientre y la quilla de la barca. En el borde la orilla, un enorme atún apuraba las última bocanadas de airagua escuchando en silencio la sangre marina que abandonaba solemnemente su cabeza.

  4. Román
    diciembre 8, 2009 en 8:27 pm

    acojanantes las fotos, R.

    congratulations

  1. diciembre 14, 2009 en 6:33 am

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