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Crónicas: Vampiros del Atlántico -2 – Timbeque

Ver crónicas I -Alexander: https://nuevepuertas.wordpress.com/2009/12/30/cronicas-los-vampiros-del-atlantico-i/

(II) – Alexander en el Timbeque.

Saboreando un aroma, sentado tras la mesa del Timbeque, revolvía con un baile de muñeca el licor de hierbas holandés. Su color, a la luz de la penumbra reinante, poseía un brillante tono turquesa. Algunos reían en el bar, alguna copa de más bailaba tras la barra, un carmín barato me sonreía en un intento fallido de seducción, unos estudiantes hablaban de poesía en la esquina (de vino, poesía y puertas que se abrían),…

Mi copa no iba a vaciarse, su contenido y yo lo sabíamos a la perfección, pero la fragancia de las cosas sigue volviéndome loco. Mi idea del arte se acerca a esa capacidad de sentir cuando ya no puedes seguir haciéndolo, en mi estado se aprecia con frecuencia en una simple taza de té; negro como la noche en la que habito, rojo como la sangre espesa de la que se nutre mi fría piel, ardiente como el sol que no ya no soy capaz de ver… a veces pienso que quizás Picasso quedó mudo tras las “Señoritas de Avignon”… muchos artistas olvidan lo que es el arte… pero no yo.

Sentado en la silla, oliendo los restos de una pizza de carne en la mesa de al lado, la vi.

Se acercaba a la barra tras bajar, curiosa, las escaleras de la entrada. Le gustaba la música del local, sonreía mientras balanceaba la cabecita.

Destacaba. Estaba en su naturaleza.

Pidió una copa de vino, y me atreví a pensar que había sido predecible.

Me acerqué a ella, curioso, interesado, y pagué su trago.

-No sueles venir por aquí, ¿me equivoco?

-Acabo de llegar a la isla – dijo ella.

-Es curioso, últimamente el tráfico ha aumentado. Hace poco un periodista habló conmigo. Está interesado en historias de vampiros, como si alguien fuera a creerle. ¿Sabes qué me preguntó?

-Sorpréndeme – me respondió, mientras olía en calma su copa.

-Preguntó si había más como yo en la isla, obviamente tenía claro que no era el único en el mundo.

-¿Y qué le contestaste?

-Le hablé sobre el dolor.

-Qué romántico por tu parte.

Ella sonrió, tranquila ante la respuesta que le había dado al periodista. Su piel tan fría como la mía sonriendo divertida.

Lo que no sabía entonces, era que ese mismo periodista, curioseaba desde el cristal de la puerta, arriba, en la entrada, y que tomaba la descripción detallada de mi compañera.

Quizás debía hablar nuevamente con el Sr. Galván… no me gusta que me sigan…

Alexander.

By: Corina Morera Villar.

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  1. R. Alzala
    enero 16, 2010 en 12:11 pm

    Jejeje, fue como dar un paseo por el Timbeke. Licor de hierbas holandesas rima con Van Helsin 😉
    Los tipos hablando de poesía, puertas que se abren…
    Tengo una estaca en el pecho y una cicatriz en los labios.

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