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La Poesía tras la esquina

Andaba solo y despreocupado. La luna lo miraba con cierto desprecio, “¿pero quién se ha creído éste que es?”, murmuraba. Las estrellas, casi todas dormidas, dando innumerables vueltas en su cama de noche. El Sol había salido. En la Tierra, la gran mayoría dormía a las 5 de la mañana.

Sin detener el paso, andaba y andaba, señalando a las estatuas, a los edificios, a las luces de los semáforos, a los mendigos durmientes, a los amantes que se enhebraban tras la oscuridad y otros portales. Sin detener el paso, dobló una y dos esquinas. Y así, hasta la séptima.

“El dinero o la vida”
“¿Dinero? ¿Vida? No se qué es el dinero, Pequeña,, pero la Vida es toda mía. Yo soy la Vida, nena”.

De un tiro quedó en el suelo. A pocos metros unas patas de gallo bajo un cuerpo de macho cabrío se frotaban las manos entre chupitos nerviosos de absenta.

“Toma. Aquí tienes lo acordado.”
“¿Qué cojones es esto? ¿Poesía? Mato a este tipo que tu llamas Dios hecho hombre, ¡Y tú me das un libro de poesía!

A las pocas horas, un barrendero encontró, colgados de un árbol, varios miembros de lo que parecían ser animales de granja. A no muchos metros, un gemido estentóreo de mujer no dejaba de gritar “¡Oh, Dios, Oh Dios, sí, sííííí!″.

*

Inspirado por Santa Teresa

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