Koimeterion

No es síntoma de salud estar bien adaptado a una sociedad enferma.
-J. Krishnamurti-

Le dices de hacer algo juntos, ella responde: morir. Ahora mismo no entra en tus planes llegar al término de tu vida. Vida, mi pequeña vida. Como paso intermedio propones pasear de la mano por el cementerio. Tal vez así podamos ir eligiendo nuestro dormitorio.

Fuente: imagen

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  1. JAVIERHF
    febrero 11, 2010 en 1:49 pm

    Veo portada 😉

  2. febrero 11, 2010 en 9:54 pm

    Me encanta esta entrada, hasta incluso me atrevería a decir que podíamos usarla de epitafio. ¡Ahí va el mío!:
    “Adapatada a su muerte, paseó de la mano su vida”.
    Bss.

  3. febrero 11, 2010 en 9:55 pm

    ¡Glub!, me sobra una “a” de “adaptada”…

  4. Trini
    febrero 12, 2010 en 5:47 pm

    Has empezado fuerte, vaquero!!

  5. R. Alzala
    febrero 12, 2010 en 8:23 pm

    Siendo sincero sólo es calentamiento ;)fíjate que fáltale el epígrafe.
    Tú tampoco te quedas manca ;).
    Gracias por el paso, portados y epitafias.

  6. JAVIERHF
    febrero 14, 2010 en 4:30 pm

    Cuando comenzó a notarse la putrefacción de todas las democracias, los gobiernos y corporaciones de todo el mundo comenzaron a preocuparse. ¿Qué sucedería ahora? Expuesta la mierda a la vista de todos, ¿qué podría pasar?

    La ira de los gobernados no tardó en estallar. Comenzó en las grandes capitales del planeta; de ahí, no tardó en saltar al resto de grandes ciudades, capitales de provincia, pueblos y aldeas. En menos de tres meses en todo el mundo desarrollado por la democracia reinaba la más absoluta y ardiente anarquía.

    “¿Qué hacemos ahora?”, se preguntaban todos los poderosos reunidos alrededor de la gran mesa del Foro. “¿Qué hacemos ahora?”.

    Al principio hubo reticencias; pero, al final, ganó su sentido común. “Si no están con nosotros están contra nosotros, y todo lo que nosotros controlamos. Matémoslos, pues. Sólo sobrevivirán los que quieran servir de algo”.

    Poco a poco, la economía empezó a mejorar. El sector de la construcción recobró su vitalidad. Las infraestructuras mejoraron, se crearon nuevas y mayores zonas verdes, las ciudad comenzaron a ser más y más habitables, ecológicas y sostenibles. Se autorizaron matanzas selectivas, primero, de todos los “insurgentes contra la democracia”. Luego, detenciones a gran escala de manifestantes, disconformes y revolucionarios. Cualquier protesta o idea contraria a la democracia o con propuestas para su reforma era mecánicamente borrada del mapa.

    Fuera de las ciudades se ampliaban en planes sucesivos los cementerios y los crematorios. A veces se tenían en cuenta algún tipo de consideración religiosa en las ejecuciones.
    Los parques de detención y las cárceles también aumentaron, y fueron conformando el paisaje más perimetral de las ciudades. Eso sí, convenientemente escondidas o veladas por frondosos y verdes bosques.

    Nunca se respiró un aire más puro en todo el hemisferio norte. Y los cementerios nunca recibieron tan pocas visitas. Al respecto, alguna vez se llegó a escuchar por la radio pirata o los nodos libres de Internet la denuncia de misteriosas desapariciones en los extensos y oscuros bosques que rodeaban a todos los cementerios, y en sus mismísimas e interminables calles.

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