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Igualdad Mujeres y Hombres.

No me gustan los géneros,

no son de seda, ni de algodón,

ni tampoco de lino.

Prefiero los sexos desnudos,

no sangran los cuerpos.

  1. marzo 9, 2010 en 2:03 pm

    Dos hombres desnudos frente a un espejo;
    dos mujeres desnudas frente a un espejo;
    ¿Acaso son iguales?

    Frente a frente, un hombre y una mujer
    tras un cristal transparente…
    Una misma carne, y tan distintos,
    una mismo comienzo, idéntico final,
    y, a la vez, tan “lo mismo”.

  2. marzo 9, 2010 en 2:24 pm

    Cuando nacieron, las políticas de igualdad hacían justicia sobre un hecho, una realidad, que la sociedad, gracias a su propia evolución, vio necesario eliminar por injusto, retrógrado y, en cierta forma, innecesario.

    Sobra decir que tal desigualdad entre hombres y mujeres se ha mantenido, entre otras cosas, por un tipo de asociación vital entre seres que era o fue la más efectiva en la práctica, aunque es cierto que hubo un momento en la historia de la humanidad, por lo menos en la occidental, en que la sociedad era matriarcal. Asismismo, conviene tener en mente las estudiadas diferencias entre los cerebros del hombre y mujer, diferencias que, según apuntan las datos científicos, nos preparan para realizar mejor que el otro sexo determinadas tareas; pero que tales diferencias nunca nos limitan o impiden aprenderlas, ni adquirir un dominio de ellas. Una base más para aquello de “distintos, pero con derecho a afrontar las mismas posibilidades”. Después, que cada cual decide qué esfuerzo quiere hacer…

    Las políticas de igualdad han hecho un buen trabajo. Y queda aún mucho por hacer, pero , afortunadamente, cada vez menos. No obstante, parece como si la sociedad no hubiese sabido resolver ese problema de otra forma distinta a criminalizar al hombre, vender la imagen de “todos iguales” sin más matices, como si pretendieran sospechosamente que todos fuésemos clones…

    En cierta forma, la sociedad, patriarcal como ha sido hasta hace poco (si aceptamos un cambio en el paradigma) ha entonado un mea culpa, conocedora de la responsabilidad que ha tenido en esa distribución antigua de tareas, y en su perpetuación e injusticias. Y, no sin embargo, parece como sino hubiese aprendido de tal error, pues parece que al hablar de igualdad sólo se pretende resaltar a la mujer, como si huyese hacia adelante… Bien, supongo que es una forma de recuperar lo que se les ha negado a la mujer durante siglos, de la misma forma que espero que después de ese salto hacia adelante, poniéndose por encima del hombre en muchas ocasiones o, mejor dicho, dejando al hombre fuera de tales políticas de igualdad, recule para caminar con él, juntos.

    Al respecto, no hay ni que hablar de la responsabilidad que la religión, la católica en este caso, ha tenido desde que la iglesia es iglesia, en la discriminación y esclavización” de la mujer.

    Por mi parte, matizaría todos los eslóganes que dijeron eso de “somos iguales”. yo no quiero ser igual a nadie; además, en cierta forma esa afirmación atenta contra la propia individualidad de las personas, contra el derecho de ser uno mismo; como si para respetar los derechos de la muejeres todos los hombres debiésemos ser iguales y, a su vez, todas las mujeres iguales para, una vez obrada la igualdad, puediésen clonarnos. No. Tal cosa da mucha grima. Y más en estos tiempos de supuestos beneficios de la globalización, y de neoesclavitud.

    Así pues, cambiaría todos esos eslóganes políticamente incorrectos y que sirvieron de punta de lanza en el pasado, por este otro:

    Todos distintos, idénticos derechos

  3. Benita
    marzo 9, 2010 en 2:54 pm

    Igualdad desde la diferencia. Igualdad de oportnunidades.

    Por ejemplo, una discriminación indirecta sería en unas oposiciones de bomberos o policías locales poner como requisito una altura física que rara vez alcanza las mujeres, algo que se hacía antiguamente y que impedía que la mayoría de las mujeres no se presnetaran. Los correcto podría ser, y es lo que se viene haciendo, diferenciar una altura para uno y otro sexo.

    El género es una construcción social, cultural, económica y política que genera discriminaciones entre ambos sexos.

    La igualdad de oportunidades desde la diferencia es algo que nos beneficia a ambos, mujeres y hombres. La desigualdad también le ha hecho mucho daños a los hombres como es el hecho de alejarle de determinadas emociones y sentimientos.
    Hoy en día creo que todos, hombres y mujeres somos esclavos modernos, nos arrebatan el tiempo en el mercado. Pero hay que reconocer que hay una alta femenización en esta esclavitud, la corresponsabilidad en las tareas domésticas y cuidado de personas dependientes aún no es un arealidad, es la mujer la que asume en mayor medida dichas tareas.

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