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Sobre el Tanka, de Adriana Varela

En el presente trabajo he elegido como tema el análisis del género poético del período Heian, es decir el Waka (conocido también como Tanka) […] La razón de mi elección radica en que generalmente al nombrar la época Heian, la memoria evoca inmediatamente la prosa narrativa de Gengi Monagatari, cuya autora es Murasaki Shikibu, o el Libro de la Almohada de Sei Shônagon; pero… ¿que sucede con el género poético? Nuevamente la memoria busca y rebusca, y quizás solo encuentre los wakas o tankas episódicos del Príncipe Gengi atribuidos a Ariwara no Narihira. Entonces ¿la literatura del periodo Heian se encuentra representada solamente por estos tres autores?, ¿Murasaki Shikibu o Sei shônagon habrán escrito algún poema, o solo se dedicaron a narrar la vida ? El punto es sacar a luz la verdadera importancia y esencia del género poético denominado Tanka, lo cual conlleva la investigación de: sus orígenes, posterior desarrollo, lenguaje y escritura, contexto histórico, social y económico, influencias foráneas, poetas destacados, y posterior influencia y trascendencia de este género.

Para lograr lo propuesto elegí la antología de poemas que realizara Fujiwara no Teika, denominado Ogura Hyakunin Isshu. Esta selección esta integrada por distintos poemas de diferentes autores y épocas pertenecientes a recopilaciones imperiales anteriores, por tanto evidencia ante nuestros ojos, mejor que cualquier otra compilación, la impecable habilidad de sus autores, el inspirado vuelo de sus plumas en el tiempo.

[…]

La estructura formal de los poemas responde al género denominado Waka, posteriormente identificado como Tanka (poema corto). El Waka o Tanka está compuesto por 31 sílabas dispuestas en 5 versos de la siguiente forma:

1º verso: consta de 5 sílabas

2º verso: consta de 7 sílabas

3º verso: consta de 5 sílabas

4º verso: consta de 7 sílabas

5º verso: consta de 7 sílabas

La importancia del recopilador

Fuyiwara Sadaie, mejor conocido como Fuyiwara No Teika, nace en 1164 y muere en Kyoto en 1241. Poeta de un refinamiento original, participa a los 17 años en una velada imperial de poesía causando la admiración del entonces emperador Go Toba (1180-1239), quién lo distingue como uno de los compiladores del Shinkokinshu, octava antología imperial encargada en 1201 y concluida en 1205. Nuevamente, en 1232, Teika sería convocado para realizar la novena antología imperial, el Shinchokusenshû (Nueva antología Imperial), concluida en el mismo año que el Hyakunin Isshu, es decir en1235.

Debemos tener en cuenta que ser elegido como compilador de una antología imperial representaba el pináculo de la carrera de un noble, y más aún si este era poeta indudablemente su nombre se cubría del mayor prestigio. Quizás la clave del éxito de Teika se encuentre en el consejo que su padre, Shunzei, (también compilador imperial), le había dado: “Vieja dicción, nuevo tratamiento”, es decir, preservar la sutil belleza de lo expresado pero renovando el lenguaje tradicional de la poesía clásica. Así en 1222 nos encontramos con un Teika que aconsejaba, probablemente a un príncipe o noble:

“En la emoción , la novedad es lo principal: busca sentimientos que hayan cantado otros, y cántalos. En la dicción, utiliza lo antiguo: no retrocedas mas allá de las Tres Antologías”[ii] (…) [Kokinshù, Gosenshû y Shûishû].

En la vida de Teika podemos observar dos períodos o posturas: hasta sus 40 años tomó el ideal del Yûgen (yû: significa tenue, y gen: significa negro u oscuridad), por tanto el termino denota algo que está como suspendido, un claroscuro entre la presencia y la ausencia, entre el decir y no decir, lo inacabado, lo sugerido, lo misterioso, concepciones propias de la ambigüedad de la poética Heian, como analizaremos más adelante. A los 40 años, a raíz de una severa crisis de índole personal, cambió sus ideales estéticos por el Ushin (convicción del sentimiento o sensibilidad), estilo que es más simple y directo.

Hacia el ocaso de su vida Teika se centra en la enseñanza, en la edición de libros de poesía, y en la crítica literaria, siendo sus obras fuentes inspiradoras para varias de las generaciones de poetas de la Corte; destacándose principalmente: Eiga Taidai (Esencias de la composición poética –1216), Shuka no Taidai (Canon básico de los mejores poemas), Kindai Shuka ( Los mejores poemas de nuestro tiempo –1209), dónde se encuentran poemas seleccionados en el Hyakunin Isshu, Maigetsusho (Notas mensuales -1219), y el Ogura Hyakunin Issh (Cien poetas, cien poemas –1235).

[…]

[…]+

El Waka y el Tanka

Las cuatro formas típicas de versificación de la poesía japonesa son:

1) El Katauta (una sola canción o poema), cuya estructura silábica era de 5-7-7 o 5-7-5 sílabas, por tanto solo 19 o 17 sílabas conformaban un poema.

2) El Chooka (canción larga), que consiste en una serie indefinida de versos de 5 y 7 sílabas que se alternan constantemente finalizando en un verso de 7 sílabas.

3) El Waka y el Tanka.

Originariamente el término Waka designaba cualquier tipo de poema japonés, ya fuera corto o largo, y se cultivaba en la corte desde el siglo VI. Inicialmente se observa en su estructura la alternancia de versos de 5 y 7 sílabas, pero a partir del período Heian, el Waka, se identificó con el Tanka (poema corto de 31 sílabas). Estas se disponen en dos estrofas: en la primera se encuentran lo tres primeros versos de 5-7-5 sílabas cada uno, donde se propone un tema y en la segunda, se completa o concluye el tema con dos versos de 7 sílabas cada uno.

4) Sedooka. Consta de dos estrofas de igual estructura silábica: 5-7-7.

Podemos advertir el constante dominio de los versos de 5 y 7 sílabas que tal vez esté basada en la antigua creencia japonesa de que la repetición del 5 y el 7 expresan la regularidad de la naturaleza, mientras que la alternancia de los mismos representa su irregularidad[iii]. También cabe destacar que el hecho de que los versos sean breves, 5 o 7 sílabas, se corresponde con el arte de la sugerencia, en el cual se elimina todo elemento ornamental, o exceso de palabras superfluos.

[…]

La supremacía del Tanka se repite en las posteriores antologías, y se atribuye su preferencia sobre las demás formas a dos razones: la primera es la introducción de una pequeña pausa en el primer verso que permite que se distinga claramente de la segunda estrofa construyendo un puente de transición entre las dos estrofas; y la segunda se relaciona con la concordancia entre la respiración y la frase poética: “Cuando leemos dos versos de cinco y siete sílabas queda todavía algún aliento, que nos invita a leer el siguiente verso de cinco sílabas”[iv] (…).

En general el Tanka es compuesto por un solo poeta, pero por su estructura binaria, se pueden llegar a encontrar tankas compuestos por dos poetas, en dónde a modo de juego un poeta desarrolla un tema en el primer verso, y el otro debe concluir el segundo verso de la manera más elegante e ingeniosa posible.

El tanka clásico, propio de la corte imperial, fue considerado como la forma poética más elevada, digno de recibir la misma atención que la prestigiosa literatura china; al punto que existe una leyenda en la cual se atribuye al dios Suzanoo la composición del primer tanka como primer poema del Kojiki (crónica histórica que data del año 712), y en la cuál el inspirado dios fijó la métrica del waka o tanka clásico.

Fue tanto el entusiasmo de la aristocracia por este género, que en el año 951 se crea la “Oficina de Poesía”, y se llevan a cabo los famosos concursos de poemas denominados Uta-Awase . Apenas unas décadas más tarde ya se habían promovido más de un centenar de concursos, en los que había exigentes jurados que realizaban una consciente labor filológica, ya que juzgaban los textos de acuerdo a cuán respetuosos eran estos respecto de la tradición. Aparte de los concursos se elaboraron importantes tratados acerca de la creación de tankas y la confección de antologías.

Generalmente el tanka clásico es un poema cortesano, ya que en la época Heian la gente culta debía componer poemas utilizando esta forma poética, que dejaba adivinar los sentimientos que su autor o autora deslizaban con absoluta sutileza y elegancia mediante metáforas o comparaciones con la naturaleza. La propia brevedad del tanka lleva a los poetas a utilizar la sugerencia como recurso para ampliar el significado de sus versos.

Una de las más bellas definiciones sobre la poesía japonesa de este período se encuentra en el prefacio del Kokinshu (905), escrito por Ki No Tsurayuki:

“La poesía japonesa tiene por germen el corazón humano y se desarrolla en innumerables hojas de palabras. Muchas cosas conmueven en esta vida a los hombres: luego tratan de expresar sus sentimientos por medio de imágenes sacadas de lo que ven u oyen. ¿Quién es el hombre que no hace poesía al oír el canto del ruiseñor entre las flores, o el de la rana que vive en el agua? Poesía es aquello que, sin esfuerzo, mueve cielo y tierra, y suscita la piedad de los demonios y dioses invisibles; es aquello que endulza los vínculos entre hombres y mujeres, y aquello que puede confortar el corazón de los feroces guerreros”[v].

Tsurayaki también enumera los temas que mueven al hombre a utilizar el recurso poético como la voz de su alma:

“Cuando contemplaban las flores dispersas en una mañana de primavera; cuando escuchaban la caída de la hoja en un atardecer de otoño; cuando suspiraban ante la nieve y las olas reflejadas por sus espejos con cada año que pasaba; cuando al ver el rocío en la hierba o la espuma en el agua, les sobrecogían los pensamientos sobre la brevedad de la vida; o cuando ayer todos soberbia y esplendor, habían pasado de la fortuna al abandono; o cuando, habiendo sido amados tiernamente, se encuentran abandonados”[vi] (…).

[…]

Recursos poéticos

Como ayuda para poder expresar en tan solo cinco versos el vasto caudal de emociones y sentimientos que embargaba los corazones de esa época, se utilizaron varios recursos poéticos, entre los que se destacan las makurakotoba (palabras almohada), y las kakekotoba (palabras eje). Las palabras almohada son especies de metáforas preestablecidas, que se reiteran a lo largo de la poesía japonesa, no obstante no tienen un significado o simbolismo muy claro, por ejemplo encontramos en el poema Nº2 del Hyakunin Isshu, cuya autora es le emperatriz Jitô (645- 702), el término Shirotae , que significa blanca morera, pero en realidad alude a la blancura de las ropas puestas al sol, que simbolizan la llegada del verano:

“Se fue la primavera

Y ha llegado el verano:

¡mira las blancas ropas

de seda soleándose

sobre el celeste Kagu.”[vii]

Las palabras eje son aquella que tiene un doble significado, como por ejemplo la palabra Matsu que significa pino y esperar. El poema Nº16 compuesto por Ariwara No Yukihira (818-893), nos ofrece este claro ejemplo:

“Nos dijimos adiós,

pero si yo escuchase el rumor de los pinos

sobre la cima del Inaba,

sé que inmediatamente

volvería a tu lado”[viii].

La aliteración también se utiliza en la poesía japonesa, como en el poema Nº 58 cuya autora es Daini No Sanmi (s.XI), donde se destaca la aliteración de los sonidos sasahara, soyo, wasure, y suru que evocan el susurro del viento.

Contexto original y texto completo, aquí

Seda, revista de estudios asiáticos

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