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Kafka Diarios (1920-1923) Fragmento -1-

Domingo, 19 de julio de 1910, dormir, despertar, dormir, despertar, perra vida.

Si me pongo a pensarlo, tengo que decir que, en muchos sentidos, mi educación me ha perjudicado mucho. No obstante, no me eduqué en ningún lugar apartado, en alguna ruina en las montañas; no podría encontrar una sola palabra de reproche contra esta posibilidad. Aun a riesgo de que todos mis maestros pasados no puedan comprenderlo, me hubiese gustado y habría preferido ser ese pequeño habitante de unas ruinas, tostado por el sol, el cual, entre los escombros, sobre la hiedra tibia, me habría iluminado por todas partes, aunque al principio me habría sentido débil bajo el peso de mis buenas cualidades, unas cualidades que habrían crecido en mí con la fuerza con que crecen las malas hierbas.

Franz Kafka

Diarios (1920- 1923)

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  1. JAVIERHF
    julio 8, 2010 en 2:57 pm

    Por lo menos la educación formal y académica.
    Suscribo. Copy that. Roger that.

  2. julio 25, 2010 en 9:46 am

    La psicosis, los trastornos de la personalidad obsesivos, los enfermos bipolares, el trastorno del humor, las depresiones y otras enferemdades mentales pueden tener una etiología genética. Sin embargo, a este origen interno -exista o no- se le suele unir un ritmo constante, penoso y variable de influencia externa. ¿Cuál de estos dos puntos es el principal en crear un trastorno que angustie -o no- de tal manera que nos convierta en enfermos?
    En el caso de Kafka, ¿fue su padre, su moral, su entorno, la cultura de su época y su estricta educación quién le “provocó” ese trastorno onírico depresivo de ser una cucaracha que se repetía constantemente en distintos textos y con otros símilis o era algo innato en la mente de este tímido y temoroso joven?
    Los conocimientos adquiridos y una inteligencia despierta e inusual pueden ser un arma en nuestra contra y ahí, estoy de acuerdo con Kafka en su diario íntimo; o con Hitler y su “modesta” esposa Eva Braun de la que se avergonzaba en público pero a la que no podía dejar de amar; o con Ávaro de Campos y sus poesías:

    “…
    Siempre esta inquietud sin propósito, sin nexo, sin consecuencia,
    siempre, siempre, siempre,
    esta angustia excesiva del espíritu por nada,
    en la carretera de Sintra, o en la carretera del sueño, o en la carretera de la vida…
    Maleable a mis movimientos subconscientes en el volante,
    por debajo de mí galopa conmigo el automóvil prestado.
    Sonrío del símbolo al pensar en él y girar a la derecha.
    ¡Con cuántas cosas prestadas ando por el mundo!
    ¡Cuántas cosas prestadas conduzco como mías!
    ¡Cuánto de lo que me prestaron, ay de mí, soy yo mismo!”

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