Cuando la muerte cercana sientas
-y habrás de hacerlo, créeme-
cómprale a la primera entre todas las damas
un delicado anillo rojo y palpitante,
hazle el regalo de una blanca corona de muerto
y, con tu mejor criterio,
elige para ella el más elegante y escotado traje de noche.
Que lleve el viento el mensaje:
“Te invito a cenar, a la hora que tu quieras”,
y contrata los servicios musicales de la Luna vagabunda
para una dulce serenata nocturna.
Para ti, chaqueta y corbata
-la etiqueta manda-
pero el sombrero déjalo a tu gusto.
El reloj, por supuesto, en casa.
*
¡Ay, amigo! Ahora que sabes cuándo la verás,
sigue mi consejo.
Nada más verla, apróximate
y besa su mano, y besa sus dedos
uno por uno y adelántate hasta su antebrazo.
Deja la lengua en tu boca,
guárdala para otros menesteres.
Si la Dama se ruboriza,
es tu día de suerte.
Has de saber
que acabarás entre sus brazos, desnudos los dos,
disfrutando de su blanca y deliciosa piel
todas las horas del día, hasta que llegue tu hora.
o ella así lo decida.
Si, al contrario, sonríe, nada más,
no dudes en invitarla a algo más que una cena.
Personalmente, te recomiendo
bebas con ella hasta morir,
o matar.
Escrito por javierhf 
Escrito por R. Alzala
Escrito por javierhf 




